Arroz con salchichas al horno y tomates varios, para días interminables.

Arroz con salchichas al horno con tomates varios, para días interminables.

No sé cuándo podré publicar este post, pero ahora, mientras lo escribo estoy inmersa en uno de esos días que nunca acaban. ¡Lunes tenía que ser! Aunque a mi normalmente los lunes, no me suelen pasar factura, al contrario, vuelvo con las pilas cargadas y con energía a tope, pero hoy, no me preguntéis por qué motivo, se me está haciendo larguísimo el día.

Supongo que es porque he pasado un fin de semana lleno de emociones y fantástico y porque fuera hace un solazo el cual yo me estoy perdiendo, y porque hoy toca que sea un día interminable.

Por otra parte, si no existieran este tipo de días, no llenaría nunca mi momento “Días interminables” 😛

Esta receta la vi en Directo al Paladar, uno de mis blogs preferidos en cuanto a recetas. La receta la podéis ver aquí.

Como podéis ver y para no variar mucho, la receta la adapté un poco a mi gusto, añadiéndole arroz, ya que solo salchichas con tomate me parecía poco (soy de buen comer) y no quería hacer patatas como acompañamiento porque habíamos comido ya patatas muy recientemente, así que decidí mezclarlo con arroz y así quedó.

Es una receta deliciosa (cómo no, cómo no lo va a ser llevando tomates…) y súper aromática. Estoy segura que os encantará.

INGREDIENTES (Para 2-3 personas):

Para días en los que ves muy muy lejos estar tumbadit@ en tu cama, sobre tú almohada y tapadit@ hasta arriba.

  • 6 salchichas frescas de pollo.
  • Tomates varios. Yo puse tomates en rama, pera, cherry y raff.
  • 1 vaso de arroz largo.
  • Peperoncino o guindilla o cayena en su defecto.
  • Orégano.
  • Hierbas provenzales.
  • Aceite de oliva y sal.
  • Tomillo.

Precalentamos el horno a 190ºC.

Lavamos bien todos los tomates y cortamos por la mitad, en cuadraditos y podemos dejar alguno entero también, sobre todo los cherrys. Los distribuimos en una fuente para horno y los regamos con aceite de oliva, añadimos sal y nuestras hierbas aromáticas. En mi caso, no tenía ninguna fresca, así que usé las secas. Puse tomillo, orégano y hierbas provenzales. Últimamente, tengo muchas ganas de tener mis plantitas de hierbas y le estoy dando muchas vueltas. A ver si me cambio a un piso con balconcito y me pongo a ello 🙂

Cortamos cada salchicha en 4 o 5 trozos, dependiendo del tamaño. Es importante que se usen salchichas frescas de carnicería, porque os quedarán mucho mejor. Evidentemente, se puede usar cualquier tipo de salchicha, pero cómo es lógico, el sabor no será el mismo. Ya sabéis que ya no compro carne envasada. Ahora, todas las semanas o cada dos, excursión a la carnicería del barrio, que me encanta.

Una vez cortadas las salchichas, las añadimos a la fuente con los tomates. Ponemos un poco (o mucho según os guste) de peperoncino o cayena o guindilla, y mezclamos todo bien. Introducimos en el horno durante 20 minutos, removiendo más o menos a los 10 minutos, para que se hagan todas las salchichas bien.

Mientras se hacen las salchichas, nos ponemos con el arroz. Ponemos agua en un cazo o olla y cuando rompa a hervir, añadimos el arroz durante el tiempo indicado en el paquete. Escurrimos y reservamos.

Cuando tengamos las salchichas listas, sacamos la fuente del horno, añadimos el arroz blanco y removemos bien. Si vemos algún tomate entero o medio entero, lo chafamos con la cuchara, para que suelte su jugo y se mezcle con el arroz. Servimos en el tupper o en nuestro plato, y listo.

¡Qué tupper más rico tenemos para el día siguiente! Creo que me voy a poner a hacer de nuevo esta receta, porque está tan buena y huele tan bien, que sólo pensar en ella, empiezo a salivar sin parar.

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Merluza al horno, para días “tengo que comer más sano”.

Merluza al horno, para días "tengo que comer más sano"

Como diría un amigo mío, estar a dieta está sobrevalorado. Yo, como todos sabéis, no puedo estar a dieta ni 2 minutos porque moriría en el intento. Supongo que al ser nerviosa y al no parar quieta casi nunca, me ayuda mucho a “mantener la línea” aunque no lo hago conscientemente, ya que yo siempre (y cuando digo siempre, es siempre) como lo que me apetece, sin contar cuántas calorías tiene ni cuánto voy a tener que sacrificarme después de comer eso que tanto me apetece. Eso sí, dentro de una normalidad.

No me paso el día comiendo bollos, chocolate o cosas de 1000 calorías por bocado. Por suerte, me gusta casi todo, exceptuando el hígado cuando no es en paté, los guisantes muy solos, la col, y poca cosa más, y me gusta comer casero. Y el fin de semana siempre me permito desfasarme mucho más que entre semana. Si por mi fuera, me desfasaría también entre semana, pero no tenemos tiempo material para desfasarnos, así que intento hacer cosas ricas y fáciles de comer en el tupper. Me encantaría poder llevarme unos caracoles en salsa al trabajo, o un buen bistec, pero platos así, no son viables para el tupper. Los caracoles porque me pasaría 3 horas comiendo y la gente me miraría raro. Y el bistec porque recalentado, por muy buena que sea la carne, no es lo mismo que recién hecho.

Hoy os traigo una receta que vi en Cookbooth, una aplicación fantástica. Si no la habéis probado y os gusta cocinar, os recomiendo que le echéis un vistazo, porque es perfecta a mi parecer. Es como una red social de foodies, donde cuelgas tus recetas paso a paso con fotos. Puedes añadir explicaciones a cada foto o no, porque a veces solo con una foto, ya se ve lo que hay que hacer en la receta. Pero no solo eso, cada foto la puedes retocar en la misma app y, ¡puedes ponerle un filtro! Sí sí, como en Instagram. Además, si no os va esto de colgar recetas, la podéis usar también como un recetario, ya que puedes crear libros e ir añadiendo recetas que te gusten y que no sean tuyas a cada libro. No sé a vosotros, pero yo estoy enamoradísima de esta aplicación. En mi opinión es increíble. La receta la podéis ver aquí. La he adaptado a mi manera, como podréis comprobar.

Y con esta receta se demuestra que comer sano no tiene que ser comer soso.

INGREDIENTES(para 2 personas):

Para días en los que estás hart@ de tanta carne.

  • 4 rodajas hermosas de merluza fresca.
  • 1 tomate de huerto o raff grande o 2 pequeños.
  • 1 cebolla.
  • 3 dientes de ajo.
  • 2 ramitas de perejil fresco.
  • 1 limón.
  • Aceite de oliva y sal.

Cortamos la cebolla en juliana y la ponemos en una sartén con un chorro de aceite y una pizca de sal. Dejamos en el fuego, removiendo de vez en cuando hasta que esté pochada.

Cortamos el tomate en rodajas y reservamos.

Precalentamos el horno a 210ºC.

Picamos los ajos y el perejil. Lo añadimos a un mortero, ponemos un chorrito de aceite y machacamos bien para sacar su jugo. Podemos machacar el ajo directamente en el mortero sin picarlo, pero yo para ahorrarme tiempo, he picado el ajo y el perejil juntos en la picadora. Después de machacar durante un rato, añadir más aceite para hacer la picada. Yo al final le pongo una pizca de sal también.

En una fuente de horno, añadimos unas cucharadas de la picada y repartimos por toda la superficie de la fuente. Ponemos la cebolla pochada por encima y distribuimos bien por la fuente.

A continuación ponemos los tomates encima de la cebolla y regamos generosamente con la picada. Reservamos parte para echarle después a la merluza también.

Colocamos las rodajas de merluza encima de los tomates y añadimos la picada que nos queda. Exprimimos el limón encima del pescado, con la ayuda de un pequeño colador o de nuestra mano, para que no caigan las pepitas del limón.

Introducimos en el horno a 210ºC durante 15 minutos y, ¡listo!

Es muy importante que la merluza sea fresca porque si no, no es lo mismo. Lo mismo con el perejil y los tomates. Los tomates que sean buenos buenos. Yo no encontré de huerto, por lo que utilicé tomates Raff, que están buenísimos.

¡A disfrutar!

Mermelada de tomate picante, para días interminables.

Mermelada de tomate picante, para días interminables.

Tomate. Oigo esta palabra y sonrío automáticamente. Porque me declaro fan fan del tomate y de todos sus derivados: tomate natural, en salsa, ketchup… de cualquier manera, mientras contenga tomate.

Últimamente estoy más cocinillas de lo normal, que ya es decir, y estoy aumentando mi repertorio habitual de recetas. Y claro, la mermelada de tomate no es que esté buena no, lo siguiente, y si la acompañas de queso en una tostada, ya ni te cuento lo bueno que está. Si es que además, al menos a mí, me entra a cualquier hora del día. Desde que hice la mermelada de tomate, ya la he probado para desayunar, merendar y cenar y siempre en una tostada con queso de untar, queso de cabra o queso brie, y en alguna ocasión incluso con una anchoíta salaíta encima del queso… Ahora solo me falta probarla cuando por la noche, me levanto a beber agua y noto un poquito de hambre 😛

Pues la verdad es que no la había probado muchas veces la mermelada, pero un día, hace ya bastante, mi compi de trabajo trajo mermelada casera hecha por ella y me encantó. Y hace poquito en la carnicería, vi que vendían mermelada casera y compré. Y claro, el bote me duro un abrir y cerrar de ojos, porque era pequeño. Menos mal que a mi Álvaro no le hace mucha gracia la mermelada. Mejor que no la pruebe, más para mi 🙂

Y usé mi magnífica compi de cocina, la Cuisine Companion, que desde que la tengo, me saca de más de un apuro, de hecho la uso todos los días porque hace de todo, cocina, bate, monta, pica, etc etc. Y es una maravilla.

Así que la receta la pondré en función a cómo la he hecho con la Cuisine Companion, pero también se pude hacer normal, evidentemente. La receta la he sacado de aquí.

INGREDIENTES:

Para días en los que hagas lo que hagas, todo te cuesta mucho más que el día anterior.

  • 700 – 800 gr. de tomates maduros.
  • 500 gr. de azúcar.
  • Zumo de medio limón.
  • Peperoncino o cayena.

Primero de todo, hay que escaldar los tomates. En la Cuisine, poner los tomates en el cestillo de vapor y programar programa vapor durante 25-30 minutos. Los sacaremos cuando veamos que la piel de los tomates se resquebraja. Sin la Cuisine, los escaldaremos en una olla con agua.

Cuando tengamos listos los tomates, los pelamos y los cortamos en 4 trozos. Con la Cuisine, ponemos la cuchilla picadora y añadimos los tomates cortados y el azúcar. Dejamos reposar 1 hora para que suelten bien su jugo los tomates. Sin la Cuisine, dejamos el tomate cortadito y el azúcar en un recipiente o olla y reposamos 1 hora.

Pasada la hora, añadimos el zumo de limón. Con la Cuisine programamos velocidad 10 durante 30 segundos para que se triture bien el tomate. Sin la Cuisine, con una batidora trituramos el tomate bien. Añadimos una pizca, según cómo nos guste de picante, de pepperoncino o cayena.

Ahora, en la Cusine, programamos 100ºC, velocidad 4 durante 1 hora. Sin la Cusine, lo hacemos en una olla a fuego lento, mezclando de vez en cuando. Pasada la hora comprobamos cómo está de textura, cogiendo una cucharilla y dejándola enfriar unos minutos. Si la queremos un poco más consistente, programar unos minutos más en la Cusine, o dejar un poco más en el fuego.

Hay que tener en cuenta que la mermelada de tomate no queda muy muy consistente. La textura no es la típica que conocemos para las mermeladas, es más líquida.

Esta vez no hice mucho y no sabía cómo envasarlo al vacío, pero ya me he informado y para la próxima lo envasare todo bien para que me dure más. Aunque eso sí, no creo que quede todavía mermelada en mi nevera cuando se empiece a poner mala porque la devoro, literalmente 😛

No es una receta de tupper, cómo veréis, pero me hacía ilusión compartirla con vosotros dado el resultado. Al fin y al cabo es comida, ¿no? ¡Espero que os guste!

Arroz negro con sepia y almejitas, para días “me como el mundo yo solit@”

Arroz negro con sepia y almejitas, para días "me como el mundo yo solit@"

Como ya sabéis, soy muy caprichosa en casi todo y en la comida, todavía más que en todo lo demás.

Me gusta comer lo que me apetece y “luchar” por conseguirlo, cueste lo que cueste, más que nada porque si no sacio mi sed de comer lo que me apetece en cada momento, en mi cabeza retumba una voz constante que me dice que quiero comer X y no para hasta que he comido ese X.

En realidad, esta receta se podría clasificar también en Días caprichosos, porque realmente surgió así la idea, aunque claro, si me baso en eso, casi todas las recetas del blog estarían en esta categoría ya que todos mis platos y recetas surgen de mi capricho más profundo 😛

Así que he decidido clasificar esta en Días “me como el mundo yo solit@”, porque me apetecía ya hace tiempo hacer esta receta debido a que me encanta el arroz y el marisco en general y el arroz negro he tenido ocasión de probarlo en algún restaurante y me ha gustado mucho.

Tenía ganas de probar a hacer esta receta sobretodo después de probar el mejor arroz negro que he probado nunca en la vida, en el restaurante Llamber de Barcelona. Sólo pensar en ese arroz, me derrito. Estaba tan tan tan bueno, tan en su punto, tan sabroso, tan de todo, que me faltarían adjetivos para calificar lo increíblemente bueno que estaba. Y no solo eso, es un restaurante al cual si no habéis ido aún, tenéis que ir. Todo es perfecto; el ambiente, el local, la localización, todo. Y la atención es sublime.

A parte de este arroz, hay muchos otros platos ricos. Nosotros hemos probado el surtido de embutidos de la zona, el arroz negro con sipietes y allioli, el entrecot y un postre que estaba tremendo, pero que ahora mismo no me acuerdo del nombre.

Evidentemente y aunque me quiero mucho y no tengo abuela, mi arroz no tiene ni punto de comparación con el del Llamber, pero está muy bueno a mi parecer.

Retomando el tema de la receta, ya os he contado también que me he vuelto muy “sibarita”. Ahora evito comprar la materia prima en grandes superficies y me decanto más por las tiendas del barrio o por el mercado, donde la calidad es mucho mejor en comparación a la diferencia de precio.

Y en una de mis visitas habituales a la pescadería del barrio, vi que tenían unas sepias enormes y preciosas, así que decidí comprarlas para hacer este arrocito. Y un puñado de almejitas, concretamente rosellona, porque al ser más pequeñitas no ocupan todo el arroz como las almejas normales. En la pescadería me recomendaron que la próxima vez si quería sepia para el arroz, mejor comprara la negra, que es más sabrosa. También en la misma pescadería me dieron tinta de calamar y “salsa” del calamar. Pongo “salsa” entre comillas porque es lo que me dijo la pescadera, o eso entendí, que es lo que le da sabor al arroz. Es una parte del calamar que tiene como una especie de salsa incrustada, que cuando la añades al sofrito, se va derritiendo y supongo que por eso la llaman así.

Y con estos ingredientes y con unos gambones que tenía en casa, me salió este arroz tan rico 🙂

INGREDIENTES (para 2-4 personas):

Para conseguir fuerzas para el día a día.

  • 1 vaso y medio de arroz redondo.
  • 8 gambones.
  • 2 tomates maduros.
  • 1 puñado de rossellona o almeja.
  • 1 sepia entera.
  • Tinta y “salsa” de calamar.
  • Caldo de pescado.
  • 1 vaso de vino blanco.
  • Aceite, sal, pimienta y azúcar.

Ponemos las almejas o rossellona en agua con sal 20 minutos antes de usarlas. Limpiamos los gambones cortándole los bigotes. Rallamos los tomates y reservamos.

La sepia ya la pedí en la pescadería cortada en trozos para hacer arroz. Si la tenéis entera, podéis cortarla vosotros mismos en casa.

En una paella con un chorro de aceite, añadimos las gambas y salpimentamos. Dejamos un par de minutos y les damos la vuelta y sacamos cuando veamos que están hechas. Reservamos.

En la misma paella con el mismo aceite (si veis que hay poco podéis añadir un chorrito más), ponemos las almejas. Vamos removiendo y veremos que poco a poco se van abriendo casi todas. Siempre hay alguna que no se abre.  Cuando veamos que están casi todas abiertas, añadimos el tomate rallado y añadimos una pizca de azúcar, sal y un poco de pimienta. Mezclamos hasta que veamos que el líquido del tomate haya reducido casi en su totalidad.

Ahora añadimos la sepia, la tinta y la salsa del calamar. Vamos removiendo hasta impregnar todos los ingredientes con la tinta, es decir, hasta que veamos un negro homogéneo. Ponemos el arroz y tostamos y mezclamos bien, hasta que se integre totalmente. Una vez mezclado, añadimos el vaso de vino blanco y dejamos a fuego fuerte hasta que reduzca, removiendo de vez en cuando para que no se pegue.

Cuando el vino haya reducido, es hora de añadir el caldo de pescado. Yo siempre añado cubriendo todo el arroz y un dedo más, y voy vigilando hasta conseguir el punto que quiero. Si necesitamos más caldo, vamos añadiendo y rectificamos de sal si es necesario. Yo casi siempre tengo que añadirle más. Aproximadamente, una vez añadido el caldo, son unos 15-20 minutos de cocción. Como os digo, el tiempo depende mucho, así que es mejor hacerlo a ojo, ir probándolo es la clave.

Cuando veamos que el arroz ya está casi en su punto, paramos el fuego, colocamos las gambas por encima y tapamos con un trapo de cocina limpio o bien con papel de cocina. Dejamos reposar unos 10 minutos.

Es la primera vez que hago este arroz y dado el resultado, no será la última. Lo comí sola cuando lo hice porque mi chico estaba malito ese día y me lo llevé en el tupper para el día siguiente también. Fui la envidia en el office ese día. Buenísimo.

Ensalada mexicana, para días de celebración.

Ensalada mexicana, para días de celebración.

El año pasado celebramos nuestra tradicional fiesta de Halloween con unos buenos amigos, y ese año nos tocaba a nosotros prepararla en casa, así que decidí buscar ideas varias en internet para hacer comida acorde con la fiesta.

Encontré varias recetas y una de ellas es esta que traigo hoy, que ya se ha convertido en una receta muy habitual en casa, ya que nos encanta y queda buenísima. En la página donde la encontré la llaman “Ensalada Monstruosa”, pero yo le he cambiado el nombre y la he bautizado como “Ensalada Mexicana”, ya que cuando la preparamos normalmente, no le hacemos los ojos como en la receta original, por lo que deja de ser monstruosa. Y la receta la he adaptado un poco a mi gusto.

Por otra parte, he cambiado la categoría anteriormente llamada “Días cumpleañeros” por “Días de celebración”, ya que creo que es más versátil que la categoría anterior.

INGREDIENTES (para 2-4 raciones):

Para días con invitados.

  • 400-500 gr. de solomillo de pollo.
  • Tomate frito.
  • 1 bolsa de nachos.
  • Queso rallado.
  • 1 sobre de condimento para burritos. (Yo usé el de Hacendado)
  • Lechuga variada.
  • 1 cebolla pequeña.
  • 1 tomate.
  • 2 jalapeños o guindillas en vinagre.
  • 2 yogures naturales.
  • Aceite, sal, pimienta y perejil.

Primero de todo, precalentamos el horno a 170º.

Mientras, salpimentamos el pollo y cortamos con la ayuda de unas tijeras, a trocitos pequeños y alargados.

En una fuente apta para horno, extendemos los nachos y espolvoreamos el queso rallado por encima. Metemos en el horno y vamos controlando hasta que veamos el queso rallado fundido. Sacamos y reservamos.

En una sartén, doramos el pollo. Cuando veamos que empieza a coger color, añadimos tomate frito al gusto y un poco de condimento para fajitas, también al gusto. Yo suelo echar bastante de las dos cosas, porque me encantan. Dejamos unos 10-15 minutos, removiendo de vez en cuando.

Una vez tengamos lista la carne, la repartimos por encima de los nachos con queso. Cubrimos con lechuga variada y repartimos por encima los tomates cortados en medias rodajas, la cebolla cortada en juliana y los jalapeños o guindillas en trocitos pequeños.

En un bol, echamos los dos yogures naturales, añadimos un chorro de aceite, perejil y sal y mezclamos muy bien hasta que se integre todo.

Por último, añadimos la salsa de yogur por encima de nuestra ensalada y lista para servir y comer.

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Nos la podemos llevar para el tupper, aunque no lo recomiendo mucho, ya que nos la tendríamos que comer fría. Yo siempre lo he comido en casa.

¡Espero que os haya gustado!

Pincho de berenjena, tomate y queso de cabra, para días interminables.

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Ya estoy aquí con una nueva receta. Siento la tardanza, pero la vuelta a la rutina, dejar de hacer intensiva y tener que acostumbrarme de nuevo al ajetreo de la semana, me tiene un poco descolocada y cansada.  Pero más vale tarde que nunca 🙂

Hoy os traigo una receta que un día chafardeando, encontré por internet. Un día de esos que parece que no se van a acabar nunca… Evidentemente, la he adaptado un poco a mi gusto, aunque básicamente es igual. La receta la vi aquí.

Es ideal para los días que parecen que no terminan nunca. Un bocado y ya te sientes mucho mejor 😛

INGREDIENTES (para unos 8-10 pinchos):

Para esos días largos.

  • 2 berenjenas.
  • 2 tomates.
  • 1 cebolla.
  • Rulo de queso de cabra.
  • Azúcar, sal y aceite.

Primero de todo, cortamos la berenjena y el tomate en láminas y la cebolla en juliana. Cortamos el queso de cabra en láminas también.

En un bol o plato hondo, salamos la berenjena, mezclamos y dejamos reposar durante 30 minutos, para que suelten todo el agua.

Precalentamos el horno a 220ºC.

Mientras, en una sartén con un poco de aceite, rehogamos la cebolla. Vamos mezclando y cuando empiecen a cambiar de color, añadimos una cucharada generosa de azúcar. Mezclamos bien hasta que veamos que el azúcar se ha derretido. Bajamos el fuego y tapamos y dejamos que se cueza del todo durante unos 10 minutos, removiendo de vez en cuando. Reservamos.

Pasados los 30 minutos de reposo de la berenejena, secamos cada lámina con papel de cocina.

A continuación, forramos la bandeja del horno con papel de horno y colocamos las láminas de berenjena y tomate. Las regamos con un chorrito de aceite y añadimos un poco de sal. Dejamos en el horno durante 12 minutos a 220ºC. También podéis poner la verdura sin necesidad de usar papel de horno. En ese caso, añadir aceite y repartir con la ayuda de un pincel o papel de cocina por la bandeja, para evitar que se pegue.

Una vez pasado el tiempo, sacamos la verdura del horno y montamos los pinchos. Ponemos una lámina de berenjena, una de tomate, otra de berenjena, un poco de cebolla caramelizada, un trozo de queso de cabra y pinchamos con un palillo en medio.

Cuando tengamos todos los pinchos, ponemos en el horno a 220ºc durante 5 minutos más, para que se derrita un poco el queso de cabra. Podéis dejarlo unos minutos más, según os guste.

¡Y ya tenemos estos ricos pinchos listos!

Fideuá, para días “que vuelva el verano”.

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¡Ya estoy de vuelta!

Después de unas merecidas vacaciones, vuelvo a la carga con nuevas recetas. 🙂

Hoy os traigo una receta rica rica. El típico plato de domingo (junto con la paella). Una receta que siempre apetece y que es ideal tanto para comer en casa directamente o para el tupper.

Y con lo que me gustan las gambas y el marisco en general, este plato me encanta.

Lo he clasificado en Días “que vuelva el verano”. Ya sé que estamos en verano ahora mismo y no lo echamos de menos, pero esta receta se come todo el año (al menos en mi casa), y es un plato con sabor a verano y con olor a mar 😛 Y si la comemos en invierno, seguro que nos recuerda al veranito…

INGREDIENTES (para 4-5 raciones):

Para días domingueros y veraniegos.

  • 500 gr. de pasta fideuá.
  • 8-10 gambas o gambones.
  • 1 sepia limpia.
  • 150-200 gr. de almejas.
  • 2-3 tomates maduros.
  • 1 vaso de vino blanco.
  • 1 litro de caldo de pescado. Yo usé el de Gallina Blanca, que viene en brick.
  • Aceite, sal y pimienta.

Primero preparamos todos los ingredientes. Ponemos las almejas en agua con sal. Lavamos y limpiamos las gambas. Yo les corto los bigotes y las patitas un poco. La sepia la cortamos en cuadraditos y rallamos los tomates.

Ahora salpimentamos las gambas y en una paella con un chorro de aceite, las hacemos, para que suelten jugo. Una vez hechas, retiramos y reservamos.

En la misma paella, añadimos las almejas y salteamos hasta que se abran todas, o casi todas, que siempre queda alguna por abrir. Cuando estén abiertas, retiramos y reservamos.

Ponemos en la misma paella el tomate rallado y cuando esté empezando a cambiar de color, más oscuro, agregamos la sepia. Vamos removiendo unos minutos y añadimos la pasta.

Mezclamos un poco y doramos y a continuación ponemos el vaso de vino blanco. Subimos un poco el fuego y dejamos que se consuma un poco el vino, más o menos a la mitad.

Por último, añadimos las almejas y el caldo de pescado. No pongáis todo el caldo de golpe. Cubrimos la pasta con el caldo y dejamos a fuego medio-fuerte, removiendo de vez en cuando para que no se pegue y añadiendo más caldo si es necesario. Yo lo hice con pasta de fideuá gruesa y más o menos son unos 10-12 minutos de cocción, pero si utilizáis fideo fino, son apenas 5-6 minutos.

Una vez lista, añadimos las gambas y dejamos reposar un poco, tapando con papel de cocina la paella.

A mi me gusta acompañarla con un poco de allioli. Mmm…

¡Y ya está lista nuestra fideuá! Espero que os haya gustado.