Merluza al horno, para días “tengo que comer más sano”.

Merluza al horno, para días "tengo que comer más sano"

Como diría un amigo mío, estar a dieta está sobrevalorado. Yo, como todos sabéis, no puedo estar a dieta ni 2 minutos porque moriría en el intento. Supongo que al ser nerviosa y al no parar quieta casi nunca, me ayuda mucho a “mantener la línea” aunque no lo hago conscientemente, ya que yo siempre (y cuando digo siempre, es siempre) como lo que me apetece, sin contar cuántas calorías tiene ni cuánto voy a tener que sacrificarme después de comer eso que tanto me apetece. Eso sí, dentro de una normalidad.

No me paso el día comiendo bollos, chocolate o cosas de 1000 calorías por bocado. Por suerte, me gusta casi todo, exceptuando el hígado cuando no es en paté, los guisantes muy solos, la col, y poca cosa más, y me gusta comer casero. Y el fin de semana siempre me permito desfasarme mucho más que entre semana. Si por mi fuera, me desfasaría también entre semana, pero no tenemos tiempo material para desfasarnos, así que intento hacer cosas ricas y fáciles de comer en el tupper. Me encantaría poder llevarme unos caracoles en salsa al trabajo, o un buen bistec, pero platos así, no son viables para el tupper. Los caracoles porque me pasaría 3 horas comiendo y la gente me miraría raro. Y el bistec porque recalentado, por muy buena que sea la carne, no es lo mismo que recién hecho.

Hoy os traigo una receta que vi en Cookbooth, una aplicación fantástica. Si no la habéis probado y os gusta cocinar, os recomiendo que le echéis un vistazo, porque es perfecta a mi parecer. Es como una red social de foodies, donde cuelgas tus recetas paso a paso con fotos. Puedes añadir explicaciones a cada foto o no, porque a veces solo con una foto, ya se ve lo que hay que hacer en la receta. Pero no solo eso, cada foto la puedes retocar en la misma app y, ¡puedes ponerle un filtro! Sí sí, como en Instagram. Además, si no os va esto de colgar recetas, la podéis usar también como un recetario, ya que puedes crear libros e ir añadiendo recetas que te gusten y que no sean tuyas a cada libro. No sé a vosotros, pero yo estoy enamoradísima de esta aplicación. En mi opinión es increíble. La receta la podéis ver aquí. La he adaptado a mi manera, como podréis comprobar.

Y con esta receta se demuestra que comer sano no tiene que ser comer soso.

INGREDIENTES(para 2 personas):

Para días en los que estás hart@ de tanta carne.

  • 4 rodajas hermosas de merluza fresca.
  • 1 tomate de huerto o raff grande o 2 pequeños.
  • 1 cebolla.
  • 3 dientes de ajo.
  • 2 ramitas de perejil fresco.
  • 1 limón.
  • Aceite de oliva y sal.

Cortamos la cebolla en juliana y la ponemos en una sartén con un chorro de aceite y una pizca de sal. Dejamos en el fuego, removiendo de vez en cuando hasta que esté pochada.

Cortamos el tomate en rodajas y reservamos.

Precalentamos el horno a 210ºC.

Picamos los ajos y el perejil. Lo añadimos a un mortero, ponemos un chorrito de aceite y machacamos bien para sacar su jugo. Podemos machacar el ajo directamente en el mortero sin picarlo, pero yo para ahorrarme tiempo, he picado el ajo y el perejil juntos en la picadora. Después de machacar durante un rato, añadir más aceite para hacer la picada. Yo al final le pongo una pizca de sal también.

En una fuente de horno, añadimos unas cucharadas de la picada y repartimos por toda la superficie de la fuente. Ponemos la cebolla pochada por encima y distribuimos bien por la fuente.

A continuación ponemos los tomates encima de la cebolla y regamos generosamente con la picada. Reservamos parte para echarle después a la merluza también.

Colocamos las rodajas de merluza encima de los tomates y añadimos la picada que nos queda. Exprimimos el limón encima del pescado, con la ayuda de un pequeño colador o de nuestra mano, para que no caigan las pepitas del limón.

Introducimos en el horno a 210ºC durante 15 minutos y, ¡listo!

Es muy importante que la merluza sea fresca porque si no, no es lo mismo. Lo mismo con el perejil y los tomates. Los tomates que sean buenos buenos. Yo no encontré de huerto, por lo que utilicé tomates Raff, que están buenísimos.

¡A disfrutar!

Mini pastel de carne, para días tristones.

Mini pastel de carne, para días tristones.

El otro día paseando por un centro comercial, me hice con unos recipientes para horno que son como unas ollitas ovaladas, con tapita, muy monos (son“imitaciones” de las ollitas de Le Creuset) y decidí comprarlos porque estaban bien de precio y así, todo queda más bonito y más cuqui. Y ya sabéis que a mí me chifla todo lo “cuqui” 😛

Los compré con la idea inicial de hornear cosas dulces, por ejemplo brownies individuales, pero como soy una ansiosa y no puedo esperar a estrenar las cosas nuevas, sea lo que sea, pues esa misma noche estrené estas ollitas con esta receta.

Se me ocurrió la receta gracias a una que vi en su día y que guardé en mi carpeta de favoritos. No es igual exactamente, es decir que más bien la tomé como base, porque la hice con lo que tenía y a mi manera y sobretodo, mucho más rápida y sencilla. La receta que cogí como base la podéis ver aquí.

¿Por qué la clasifico en días tristones? Pues porque con lo monas que son las ollitas, y lo bueno que está lo que contiene, esta receta alegra a cualquiera, levanta el ánimo casi instantáneamente y te arranca una sonrisa casi garantizada 😛

Por cierto, las ollitas las compré en una tienda muy mona que se llama Butlers. Creo que es alemana pero tiene venta online también, por si no tenéis ninguna cerca y queréis echar un vistazo. En Barcelona, yo conozco la que está en el Centro Comercial L’Illa. Tienen cosas muy bonitas y no muy caras.

Ahora que lo pienso, no es una receta muy de tupper, a no ser que te quieras llevar la olla al trabajo, así tal cual. Pero si lo hacéis a lo tradicional, sin olla, cortando un cachito y poniéndolo en vuestro tupper habitual, sí nos lo podríamos llevar sin problema.

INGREDIENTES (Para 2 pastelitos):

Para días en los que necesitas alegría para el cuerpo.

  • Masa quebrada, la suficiente para cubrir y tapar cada olla.
  • 250 gr. de carne picada de ternera.
  • 1 puerro.
  • Medio vaso de vino tinto.
  • 1 huevo.
  • Salsa Perrins.
  • Aceite, sal y pimienta negra molida.

Lo primero que haremos es precalentar el horno a 180 grados.

Picamos el puerro, solo la parte blanca.

En una sartén con un poco de aceite, añadimos el puerro y un poco de sal. Lo doramos un poco y ponemos la carne picada. Rectificamos de sal y añadimos pimienta negra molida.

Cuando veamos que la carne está casi hecha, añadimos el vino y subimos el fuego al máximo. Dejamos que reduzca del todo el vino.

Una vez reducido el vino, mezclamos un poco más y añadimos Salsa Perrins al gusto. A mí me encanta esta salsa, así que le echo bastante.

A continuación, forramos cada olla con la masa quebrada hasta el borde. No pasa nada si se nos rompe la masa. Si nos ocurre, juntamos y “enganchamos” con la ayuda de los dedos un trozo con otro, como si fuera plastilina.

Rellenamos cada olla con la carne y tapamos con masa quebrada.

Con la ayuda de un tenedor, marcamos los bordes de la masa, por alrededor de toda la olla para que quede bien cerrado y sellado. Batimos el huevo y pintamos con un pincel cada pastel.

Por último, introducimos en el horno a 180 grados y dejamos hasta que veamos los pastelitos doraditos.

¿A que ha sido fácil y sencillo? Quedan súper bonitas y son muy resultonas presentadas así. Ideal para cuando hay invitados en casa.

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Mini pastel de carne, para días tristones.

¡Qué paséis una buena semana santa!

Mermelada de tomate picante, para días interminables.

Mermelada de tomate picante, para días interminables.

Tomate. Oigo esta palabra y sonrío automáticamente. Porque me declaro fan fan del tomate y de todos sus derivados: tomate natural, en salsa, ketchup… de cualquier manera, mientras contenga tomate.

Últimamente estoy más cocinillas de lo normal, que ya es decir, y estoy aumentando mi repertorio habitual de recetas. Y claro, la mermelada de tomate no es que esté buena no, lo siguiente, y si la acompañas de queso en una tostada, ya ni te cuento lo bueno que está. Si es que además, al menos a mí, me entra a cualquier hora del día. Desde que hice la mermelada de tomate, ya la he probado para desayunar, merendar y cenar y siempre en una tostada con queso de untar, queso de cabra o queso brie, y en alguna ocasión incluso con una anchoíta salaíta encima del queso… Ahora solo me falta probarla cuando por la noche, me levanto a beber agua y noto un poquito de hambre 😛

Pues la verdad es que no la había probado muchas veces la mermelada, pero un día, hace ya bastante, mi compi de trabajo trajo mermelada casera hecha por ella y me encantó. Y hace poquito en la carnicería, vi que vendían mermelada casera y compré. Y claro, el bote me duro un abrir y cerrar de ojos, porque era pequeño. Menos mal que a mi Álvaro no le hace mucha gracia la mermelada. Mejor que no la pruebe, más para mi 🙂

Y usé mi magnífica compi de cocina, la Cuisine Companion, que desde que la tengo, me saca de más de un apuro, de hecho la uso todos los días porque hace de todo, cocina, bate, monta, pica, etc etc. Y es una maravilla.

Así que la receta la pondré en función a cómo la he hecho con la Cuisine Companion, pero también se pude hacer normal, evidentemente. La receta la he sacado de aquí.

INGREDIENTES:

Para días en los que hagas lo que hagas, todo te cuesta mucho más que el día anterior.

  • 700 – 800 gr. de tomates maduros.
  • 500 gr. de azúcar.
  • Zumo de medio limón.
  • Peperoncino o cayena.

Primero de todo, hay que escaldar los tomates. En la Cuisine, poner los tomates en el cestillo de vapor y programar programa vapor durante 25-30 minutos. Los sacaremos cuando veamos que la piel de los tomates se resquebraja. Sin la Cuisine, los escaldaremos en una olla con agua.

Cuando tengamos listos los tomates, los pelamos y los cortamos en 4 trozos. Con la Cuisine, ponemos la cuchilla picadora y añadimos los tomates cortados y el azúcar. Dejamos reposar 1 hora para que suelten bien su jugo los tomates. Sin la Cuisine, dejamos el tomate cortadito y el azúcar en un recipiente o olla y reposamos 1 hora.

Pasada la hora, añadimos el zumo de limón. Con la Cuisine programamos velocidad 10 durante 30 segundos para que se triture bien el tomate. Sin la Cuisine, con una batidora trituramos el tomate bien. Añadimos una pizca, según cómo nos guste de picante, de pepperoncino o cayena.

Ahora, en la Cusine, programamos 100ºC, velocidad 4 durante 1 hora. Sin la Cusine, lo hacemos en una olla a fuego lento, mezclando de vez en cuando. Pasada la hora comprobamos cómo está de textura, cogiendo una cucharilla y dejándola enfriar unos minutos. Si la queremos un poco más consistente, programar unos minutos más en la Cusine, o dejar un poco más en el fuego.

Hay que tener en cuenta que la mermelada de tomate no queda muy muy consistente. La textura no es la típica que conocemos para las mermeladas, es más líquida.

Esta vez no hice mucho y no sabía cómo envasarlo al vacío, pero ya me he informado y para la próxima lo envasare todo bien para que me dure más. Aunque eso sí, no creo que quede todavía mermelada en mi nevera cuando se empiece a poner mala porque la devoro, literalmente 😛

No es una receta de tupper, cómo veréis, pero me hacía ilusión compartirla con vosotros dado el resultado. Al fin y al cabo es comida, ¿no? ¡Espero que os guste!

Arroz negro con sepia y almejitas, para días “me como el mundo yo solit@”

Arroz negro con sepia y almejitas, para días "me como el mundo yo solit@"

Como ya sabéis, soy muy caprichosa en casi todo y en la comida, todavía más que en todo lo demás.

Me gusta comer lo que me apetece y “luchar” por conseguirlo, cueste lo que cueste, más que nada porque si no sacio mi sed de comer lo que me apetece en cada momento, en mi cabeza retumba una voz constante que me dice que quiero comer X y no para hasta que he comido ese X.

En realidad, esta receta se podría clasificar también en Días caprichosos, porque realmente surgió así la idea, aunque claro, si me baso en eso, casi todas las recetas del blog estarían en esta categoría ya que todos mis platos y recetas surgen de mi capricho más profundo 😛

Así que he decidido clasificar esta en Días “me como el mundo yo solit@”, porque me apetecía ya hace tiempo hacer esta receta debido a que me encanta el arroz y el marisco en general y el arroz negro he tenido ocasión de probarlo en algún restaurante y me ha gustado mucho.

Tenía ganas de probar a hacer esta receta sobretodo después de probar el mejor arroz negro que he probado nunca en la vida, en el restaurante Llamber de Barcelona. Sólo pensar en ese arroz, me derrito. Estaba tan tan tan bueno, tan en su punto, tan sabroso, tan de todo, que me faltarían adjetivos para calificar lo increíblemente bueno que estaba. Y no solo eso, es un restaurante al cual si no habéis ido aún, tenéis que ir. Todo es perfecto; el ambiente, el local, la localización, todo. Y la atención es sublime.

A parte de este arroz, hay muchos otros platos ricos. Nosotros hemos probado el surtido de embutidos de la zona, el arroz negro con sipietes y allioli, el entrecot y un postre que estaba tremendo, pero que ahora mismo no me acuerdo del nombre.

Evidentemente y aunque me quiero mucho y no tengo abuela, mi arroz no tiene ni punto de comparación con el del Llamber, pero está muy bueno a mi parecer.

Retomando el tema de la receta, ya os he contado también que me he vuelto muy “sibarita”. Ahora evito comprar la materia prima en grandes superficies y me decanto más por las tiendas del barrio o por el mercado, donde la calidad es mucho mejor en comparación a la diferencia de precio.

Y en una de mis visitas habituales a la pescadería del barrio, vi que tenían unas sepias enormes y preciosas, así que decidí comprarlas para hacer este arrocito. Y un puñado de almejitas, concretamente rosellona, porque al ser más pequeñitas no ocupan todo el arroz como las almejas normales. En la pescadería me recomendaron que la próxima vez si quería sepia para el arroz, mejor comprara la negra, que es más sabrosa. También en la misma pescadería me dieron tinta de calamar y “salsa” del calamar. Pongo “salsa” entre comillas porque es lo que me dijo la pescadera, o eso entendí, que es lo que le da sabor al arroz. Es una parte del calamar que tiene como una especie de salsa incrustada, que cuando la añades al sofrito, se va derritiendo y supongo que por eso la llaman así.

Y con estos ingredientes y con unos gambones que tenía en casa, me salió este arroz tan rico 🙂

INGREDIENTES (para 2-4 personas):

Para conseguir fuerzas para el día a día.

  • 1 vaso y medio de arroz redondo.
  • 8 gambones.
  • 2 tomates maduros.
  • 1 puñado de rossellona o almeja.
  • 1 sepia entera.
  • Tinta y “salsa” de calamar.
  • Caldo de pescado.
  • 1 vaso de vino blanco.
  • Aceite, sal, pimienta y azúcar.

Ponemos las almejas o rossellona en agua con sal 20 minutos antes de usarlas. Limpiamos los gambones cortándole los bigotes. Rallamos los tomates y reservamos.

La sepia ya la pedí en la pescadería cortada en trozos para hacer arroz. Si la tenéis entera, podéis cortarla vosotros mismos en casa.

En una paella con un chorro de aceite, añadimos las gambas y salpimentamos. Dejamos un par de minutos y les damos la vuelta y sacamos cuando veamos que están hechas. Reservamos.

En la misma paella con el mismo aceite (si veis que hay poco podéis añadir un chorrito más), ponemos las almejas. Vamos removiendo y veremos que poco a poco se van abriendo casi todas. Siempre hay alguna que no se abre.  Cuando veamos que están casi todas abiertas, añadimos el tomate rallado y añadimos una pizca de azúcar, sal y un poco de pimienta. Mezclamos hasta que veamos que el líquido del tomate haya reducido casi en su totalidad.

Ahora añadimos la sepia, la tinta y la salsa del calamar. Vamos removiendo hasta impregnar todos los ingredientes con la tinta, es decir, hasta que veamos un negro homogéneo. Ponemos el arroz y tostamos y mezclamos bien, hasta que se integre totalmente. Una vez mezclado, añadimos el vaso de vino blanco y dejamos a fuego fuerte hasta que reduzca, removiendo de vez en cuando para que no se pegue.

Cuando el vino haya reducido, es hora de añadir el caldo de pescado. Yo siempre añado cubriendo todo el arroz y un dedo más, y voy vigilando hasta conseguir el punto que quiero. Si necesitamos más caldo, vamos añadiendo y rectificamos de sal si es necesario. Yo casi siempre tengo que añadirle más. Aproximadamente, una vez añadido el caldo, son unos 15-20 minutos de cocción. Como os digo, el tiempo depende mucho, así que es mejor hacerlo a ojo, ir probándolo es la clave.

Cuando veamos que el arroz ya está casi en su punto, paramos el fuego, colocamos las gambas por encima y tapamos con un trapo de cocina limpio o bien con papel de cocina. Dejamos reposar unos 10 minutos.

Es la primera vez que hago este arroz y dado el resultado, no será la última. Lo comí sola cuando lo hice porque mi chico estaba malito ese día y me lo llevé en el tupper para el día siguiente también. Fui la envidia en el office ese día. Buenísimo.

Bagels caseros, para días caprichosos.

Bagels, para días caprichosos.

Un día chafardeando por internet, me topé por casualidad con una receta de bagels. Me invadió un ansia descontrolada por comerme uno así que revisé la receta para comprobar si era muy difícil o no, y no, no lo era, por lo que me decidí a hacerla. La receta que vi no estaba muy bien explicada, por lo que indagué un poco más hasta que encontré esta receta de bagels, de mi admirada Alma Obregón, quien sí lo explica todo detalladamente, con gracia y salero y con fotitos que siempre ayudan.

Nunca en la vida he hecho ningún pan ni nada similar y estoy muy contenta con el resultado de mis bagels. Me quedaron genial (no tengo abuela, lo sé).

Para quienes no sabéis lo que es, un bagel estaría entre un panecito y un bollo, es salado y es muy típico en EEUU. Se caracteriza por tener forma redonda y con un agujero en medio, como una berlina o un donut y se come relleno de lo que queráis, como si fuera un bocata.

También se pueden comer como si fuera una tostada, abrirlos por la mitad, tostarlos en la tostadora o al fuego y untarlos de lo que más nos guste.

INGREDIENTES (para 10-12 bagels):

Para días en los que no puedes controlar tus ansias de comer algo en concreto.

  • 500 gr. de harina de fuerza
  • 1 cucharadita y media de sal
  • 12 gr. de levadura fresca.
  • 250 ml. de agua templada
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 1 huevo mediano
  • Semillas de sésamo y orégano.

En un bol, tamizamos la harina, la sal y deshacemos con la mano la levadura. En otro bol mezclamos el agua, el aceite y el agua.

Echamos la mezcla de agua encima de la harina y mezclamos bien a mano o con la batidora, en una superficie enharinada, hasta que veamos que se ha formado bien la masa.

Yo en este caso usé la Cuisine Companion, que a parte de batir, cocina, y hace muchísimas otras cosas. No sé si la conocéis, pero es genial. Yo estoy encantadísima con ella.

Al sacar la masa de la batidora, enharinar nuevamente para que sea más fácil de sacar y no se nos pegue a las manos.

En una bandeja enharinada (yo además le puse un papel de horno), separamos la masa en 12 bolitas más o menos y las vamos colocando dejando espacio entre ellas. Dependiendo del tamaño de cada bola,os saldrán más o menos.

Tapar la bandeja con una papel film y dejar reposar 25 minutos. Veréis que después de este tiempo, la masa ya habrá subido un poco. Con la ayuda de algún utensilio de cocina, hacemos un agujero en medio de cada bola, abriéndolo y separándolo más con las manos, para evitar que cuando crezca más la masa, se cierre el agujero.

Tapamos nuevamente y dejamos reposar 35 minutos más.

Precalentamos el horno a 230ºC. Mientras, en una olla ponemos agua a hervir. Cuando hierva, ponemos los bagels que nos quepan en la olla, contamos 75 segundos, y les damos la vuelta. Una vez volteados, contamos nuevamente 75 segundos y los sacamos. Y así con todos. Yo usé la olla más grande que tengo para hacerlo más rápido. Cuando saquemos los bagels después de hervirlos, los dejamos enfriar 5 minutos en una rejilla.

Una vez enfriados, los pasamos a la bandeja del horno, los pintamos con huevo batido y decoramos con las semillas de sésamos unos y con orégano otros. Evidentemente podéis decorarlos con lo que más os guste, como por ejemplo semillas de amapola (esas semillitas negras), nueces, almendras, chocolate o cualquier cosa que se os ocurra.

Metemos en el horno durante 15 minutos, sacamos y dejamos enfriar. Una vez fríos, ya podemos comerlos rellenándolos con lo que más nos guste. Os dejo un ejemplo fotográfico de cómo rellené uno de ellos: queso Philadelphia, jamón ibérico y rúcula. ¡Increíble, os lo aseguro!

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¿No se os hace la boca agua? A mi sí. De hecho me están entrando unas ganas de comerme uno mientras escribo este post que no os podéis imaginar.

Pues lo dicho, lo podéis rellenar como queráis y con lo queráis y es ideal para llevarnos al trabajo, tanto para comer como para desayunar o merendar. ¡Espero que os haya gustado y os animéis a hacer la receta!

Rollitos chinos de col china con carne, para días “cuando era niñ@”

Rollitos de col china y carne, para días “cuando era niñ@”

Hace apenas 1 mes publiqué ya una receta de rollitos, concretamente “Rollitos de carne con verdura, para Días creativos”, pero claro, compré un paquete de pasta de rollitos chinos tamaño familiar, por lo que también los usé para hacer esta receta.

De hecho, compré el paquete pensando en hacer esta receta y luego se me ocurrió la otra.

Estos rollitos son los auténticos rollitos chinos, al menos los que se comían en mi casa. En China pocos sitios encontraremos con los rollitos chinos tal como nos los venden aquí…eso creo. Y tampoco encontraremos el arroz frito con gambas 😛

A mí me encantan estos rollitos, sobretodo porque los mojo en vinagre blanco, que es cómo me enseñó mi mami y por si no lo sabíais, me chifla el vinagre. Me lo podría beber en vasitos. ¡Olé yo! No lo he hecho porque seguro que no me sentaría muy bien, pero poder, podría. 🙂

Espero que os guste esta receta tanto como me gusta a mí.

INGREDIENTES (Para 8 rollitos):

Para días en los que echas de menos la comida que te hacía de peque tu mami.

  • 1 col china pequeña o mediana.
  • 5 filetes de lomo de cerdo.
  • Pimienta blanca, aceite y vinagre blanco.

Primero hay que seguir las instrucciones que se indican en el envase de la pasta de rollitos chinos para descongelarla correctamente. En mi caso, para descongelar había que sacarla del congelador, meterla en la nevera 45 minutos y ya se podía usar, separando con cuidado cada lámina.

Cortar la col china. Yo la parto por la mitad, de la mitad hago otra mitad y voy cortando, batstante fino.

Por otra parte, cortar en tiras el lomo.

En una sartén u olla bastante honda, ponemos la col china y un poco de sal. Ya veréis que la col encoge que da gusto, por lo que si creíais que os habíais pasado con la col, veréis que al final, tampoco era para tanto 🙂

Una vez veamos que la col está lista y ha encogido de manera que no encoge más, añadimos las tiras de lomo. Removemos todo bien, rectificamos de sal y ponemos un poco de pimienta blanca al gusto y añadimos un chorro generoso de vinagre blanco.

Removemos de nuevo y dejamos unos minutos, o hasta que veamos que la carne está hecha.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar.

Para poder hacer mejor los rollitos, recomiendo que paséis el relleno por un colador, para eliminar el líquido, ya que la col suelta mucha agua. Así es más fácil hacer los rollitos.

Una vez enfriado o templado el relleno, vamos haciendo los rollitos. Yo coloco la lámina cuadrada con una de las puntas apuntado hacia mi, de manera que si miramos la lámina, sería como un rombo. Ponemos un poco de relleno a unos 3 o 4 dedos del extremo que apunta hacia mi, doblamos ese extremo hacia el relleno, como para cerrarlo por en medio y doblamos hacia dentro cada lado del rollito, cerrándolo completamente. Ponemos un poco de agua en los dos extremos para sellarlos y enrollamos completamente hasta formar nuestro rollito. Ponemos un poco de agua para que quede bien cerrado. Repetimos el proceso hasta acabar con el relleno.

En esta ocasión, los freí en aceite abundante en una olla, no en la Actifry, pero ya sabéis que con la Actifry, quedan geniales también y sin apenas aceite. Como digo siempre, el mejor invento de la historia.

Yo los mojo en vinagre blanco cuando los como, tal como hacíamos en casa.

Los rollitos es mejor comerlos al momento. Evidentemente se pueden llevar para el tupper, pero no quedarán crujientes, sino más bien blanditos, a no ser que tengamos una freídora en nuestro trabajo… Se pueden congelar sin problema y sacarlos sin descongelar para freírlos directamente, así que ya que os ponéis, os recomiendo hacer muchoooos rollitos, porque cuando comáis uno, querréis más y más. Son adictivos, aviso, almenos para mi.

Pizza de hojaldre con chistorra y huevo, para días amorosos.

Pizza de hojaldre con chistorra y huevo, para días amorosos.

Siempre estoy pensando en comida. Mis pensamientos sobre comida llegan a niveles insospechados. Sólo hay que ver mis fotos en Instagram; la mayoría son de comida o de cosas relacionadas con la comida 😛

Realmente me gusta mucho tanto comer como cocinar y sobretodo variar en lo que como, por eso siempre estoy mirando y rebuscando recetas nuevas o cosas nuevas a probar. Tampoco busco intensivamente, pero al seguir varios blogs de cocina, pues me van llegando recetas chulas.

Y un día me encontré con esta receta, de Las Recetas de MJ. La podéis ver aquí. He seguido cada uno de los pasos. Nada más verla pensé, “Es perfecta para mi niño”. Le encanta el hojaldre, le encanta la chistorra, le encanta la pizza y también el huevo. ¿Qué puede fallar? Pues la respuesta es clara: nada.

No suele prestar mucha atención mientras estoy cocinando, y cuando saqué del horno esta pizza, se quedó patidifuso, casi le da algo de la emoción. Así de expresivo es mi Mixto 🙂

Es una receta súper fácil y sencilla. La podría haber clasificado en “Días en los que te faltan horas”, pero en esencia, hice la receta pensando en mi amor, así que pega más en este momento.

INGREDIENTES:

Para días “ñoñosos”.

  • 1 lámina de hojaldre redondo o cuadrado. (Yo usé cuadrado)
  • Tomate frito.
  • Media chistorra.
  • 2 huevos.
  • Mozzarella.

Precalentamos el horno a 180ºC arriba y abajo.

Forramos la bandeja del horno con papel de horno. Extendemos la lámina de hojaldre en la bandeja.

Pintamos el hojaldre con el tomate frito al gusto, como si fuera una pizza. Yo le puse bastante porque me encanta el tomate y, a mi gusto, cuanto más, mejor.

Cortamos la chistorra en trocitos pequeñitos y los repartimos por la masa.

Por último cubrimos bien con mozzarella por todo el hojaldre.

Metemos la pizza en el horno y después de 15 minutos aproximadamente, o cuando veáis que está casi hecha, abrimos el horno, cascamos los dos huevos encima de la pizza y dejamos en el horno unos minutos más, hasta que veamos el huevo hecho a nuestro gusto (o hecho o poco hecho).

Y listo! Yo no me lo llevé para el tupper, pero se puede llevar perfectamente o en un tupper o envuelto en papel de aluminio.

¿Fácil o no? ¡Animaros a probarla porque está riquísima!