Rollitos chinos de col china con carne, para días “cuando era niñ@”

Rollitos de col china y carne, para días “cuando era niñ@”

Hace apenas 1 mes publiqué ya una receta de rollitos, concretamente “Rollitos de carne con verdura, para Días creativos”, pero claro, compré un paquete de pasta de rollitos chinos tamaño familiar, por lo que también los usé para hacer esta receta.

De hecho, compré el paquete pensando en hacer esta receta y luego se me ocurrió la otra.

Estos rollitos son los auténticos rollitos chinos, al menos los que se comían en mi casa. En China pocos sitios encontraremos con los rollitos chinos tal como nos los venden aquí…eso creo. Y tampoco encontraremos el arroz frito con gambas 😛

A mí me encantan estos rollitos, sobretodo porque los mojo en vinagre blanco, que es cómo me enseñó mi mami y por si no lo sabíais, me chifla el vinagre. Me lo podría beber en vasitos. ¡Olé yo! No lo he hecho porque seguro que no me sentaría muy bien, pero poder, podría. 🙂

Espero que os guste esta receta tanto como me gusta a mí.

INGREDIENTES (Para 8 rollitos):

Para días en los que echas de menos la comida que te hacía de peque tu mami.

  • 1 col china pequeña o mediana.
  • 5 filetes de lomo de cerdo.
  • Pimienta blanca, aceite y vinagre blanco.

Primero hay que seguir las instrucciones que se indican en el envase de la pasta de rollitos chinos para descongelarla correctamente. En mi caso, para descongelar había que sacarla del congelador, meterla en la nevera 45 minutos y ya se podía usar, separando con cuidado cada lámina.

Cortar la col china. Yo la parto por la mitad, de la mitad hago otra mitad y voy cortando, batstante fino.

Por otra parte, cortar en tiras el lomo.

En una sartén u olla bastante honda, ponemos la col china y un poco de sal. Ya veréis que la col encoge que da gusto, por lo que si creíais que os habíais pasado con la col, veréis que al final, tampoco era para tanto 🙂

Una vez veamos que la col está lista y ha encogido de manera que no encoge más, añadimos las tiras de lomo. Removemos todo bien, rectificamos de sal y ponemos un poco de pimienta blanca al gusto y añadimos un chorro generoso de vinagre blanco.

Removemos de nuevo y dejamos unos minutos, o hasta que veamos que la carne está hecha.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar.

Para poder hacer mejor los rollitos, recomiendo que paséis el relleno por un colador, para eliminar el líquido, ya que la col suelta mucha agua. Así es más fácil hacer los rollitos.

Una vez enfriado o templado el relleno, vamos haciendo los rollitos. Yo coloco la lámina cuadrada con una de las puntas apuntado hacia mi, de manera que si miramos la lámina, sería como un rombo. Ponemos un poco de relleno a unos 3 o 4 dedos del extremo que apunta hacia mi, doblamos ese extremo hacia el relleno, como para cerrarlo por en medio y doblamos hacia dentro cada lado del rollito, cerrándolo completamente. Ponemos un poco de agua en los dos extremos para sellarlos y enrollamos completamente hasta formar nuestro rollito. Ponemos un poco de agua para que quede bien cerrado. Repetimos el proceso hasta acabar con el relleno.

En esta ocasión, los freí en aceite abundante en una olla, no en la Actifry, pero ya sabéis que con la Actifry, quedan geniales también y sin apenas aceite. Como digo siempre, el mejor invento de la historia.

Yo los mojo en vinagre blanco cuando los como, tal como hacíamos en casa.

Los rollitos es mejor comerlos al momento. Evidentemente se pueden llevar para el tupper, pero no quedarán crujientes, sino más bien blanditos, a no ser que tengamos una freídora en nuestro trabajo… Se pueden congelar sin problema y sacarlos sin descongelar para freírlos directamente, así que ya que os ponéis, os recomiendo hacer muchoooos rollitos, porque cuando comáis uno, querréis más y más. Son adictivos, aviso, almenos para mi.

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Pescado con salsa de soja y cebolla, para días “cuando era niñ@”.

Pescado con salsa de soja y cebolla, para días "cuando era niñ@"

Hoy os traigo una receta muy de casa. Cualquier cosa cocinada de esta manera me recuerda a cuando era pequeña, ya que en mi casa se cocinaba mucho así y en general, es muy típico en la cocina china.

Es una manera de cocinar muy versátil, pega con todo ya sea carne o pescado e incluso creo recordar que en mi casa se hacía con huevos fritos también.

Ya escribí un post con la misma receta pero en carne, concretamente con chuletas de cerdo. Podéis ver la receta aquí.

Espero que os guste tanto como a mi y os animéis a probarla.

INGREDIENTES(para 2-3 raciones):

Para días en los que añoras los platos que te hacía tu madre de pequeña.

  •  1 filete de perca de unos 700-800 gr. (o de cualquier pescado blanco, por ejemplo panga).
  • 1 cebolla grande.
  • Salsa de soja.
  • Aceite, sal, azúcar, pimienta negra y agua.

Cuando compréis el pescado en la pescadería, pedirle al pescater@ que os corte el pescado como si fuera para rebozar, en láminas pequeñas. Si lo compráis entero, podéis cortarlo vosotros mismos en casa.

Cortamos la cebolla en juliana.

En una sartén honda con una cucharada de aceite, añadimos la cebolla y un poco de sal. Dejamos unos minutos removiendo de vez en cuando y añadimos salsa de soja al gusto y una cucharada de azúcar. Yo añado bastante salsa de soja, para que coja más sabor y color, pero os recomiendo que la añadáis poco a poco, para no pasaros y que esté demasiado salado, ya que la salsa de soja engaña mucho. Vamos removiendo hasta que veamos que la cebolla esté hecha.

Ponemos pimienta negra en los trozos del pescado.

Ahora añadiremos un vaso de agua a la sartén y pondremos el pescado con cuidado, para que no se rompa. Probamos un poco de sabor y si vemos que falta salsa de soja, añadimos un poco más. Tapamos y dejamos a fuego medio durante 10 minutos, comprobando de vez en cuando y removiendo con cuidado, para no romper el pescado.

Transcurridos los 10 minutos, probamos el pescado para ver si está hecho a nuestro gusto y si no, lo dejamos unos minutos más. Calculo que son 10 minutos, pero como sabéis yo todo lo hago a ojo y con un tenedor en la mano para ir probando, así que la mejor manera de saber el tiempo exacto, es con la técnica del tenedor 😛

Para servir en el plato o en el tupper, primero colocar los trozos de pescado con la ayuda de alguna espátula plana y con cuidado, para evitar romper el pescado y luego añadir la cebolla y la salsa por encima. ¡Y listo!

Pollo con pimientos y salsa de ostras, para días “me como el mundo yo solit@”.

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Me encanta la salsa de ostras. Yo se lo echaría a todo, a todo sin miramientos.

La verdad es que queda bien tanto con carne, pescado como con verduras, lo que hace que esta salsa sea súper versátil y se pueda adaptar muy fácilmente a casi todo.

Clasifico esta receta en “Días me como el mundo yo solita” porque me sube el ánimo después de comerla, porque me gusta tanto que no puedo evitar sentirme capaz de todo después de tener la panza llena con este plato. Sí, lo sé, mi mundo gira en torno a lo que como, pero soy feliz así  😛

INGREDIENTES (para 2-3 raciones):

Para sentirte capaz de todo.

  • 300-400 gr. de solomillo de pollo.
  • 1 pimiento verde.
  • 1 pimiento rojo.
  • Salsa de ostras.
  • Aceite, sal y pimienta.

Es una receta súper súper fácil.

Primero de todo hay que cortar el pollo en cuadraditos con la ayuda de unas tijeras o bien con un cuchillo, como prefiráis. Yo prefiero con las tijeras, es más rápido a mi parecer.

A continuación, cortar los pimientos en dados también.

En una sartén con un chorrito de aceite, añadimos los pimientos cortados y un poco de sal y pimienta y removemos hasta que se hagan.

Luego hay que añadir el pollo previamente salpimentado y mezclar hasta que veamos que va cogiendo color. En ese momento, añadir la salsa de ostras al gusto. Yo le echo mucha porque me encanta, pero id echando poco a poco porque la salsa es fuerte y siempre es mejor quedarse corto que pasarse. En esta ocasión no le eché nada de agua, pero hice de nuevo esta receta hace poco y echándole un poco de agua después de añadir la salsa de ostras y queda mejor, con más consistencia y con más salsa.

Una vez añadida la salsa, mezclar todo bien, bajar el fuego y dejarlo unos 5 minutos, removiendo de vez en cuando.

Para acompañar, nada mejor que un buen arroz blanco basmati.

Cupcakes de algodón de azúcar, para días “cuando era niñ@”.

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Un día, comprando en la tienda online de María Lunarillos un molde muy chulo de tabletas mini de chocolate, tenía que rellenar el pedido para que los gastos de envío no fueran más que el pedido en si y me decidí por comprar un potecito de aroma concentrado de algodón de azúcar.

El algodón de azúcar me recuerda a cuando éramos niñas y mi madre nos llevaba a la feria y nos compraba algodón de azúcar. ¡Me encanta! Y cómo se te quedaban los dedos pegajosos después de coger el algodón, pero no pasaba nada, porque estaba buenísimo. 🙂

Y como no, consulté con Alma. Hojeando su libro, me encontré con esta receta. La he hecho exactamente igual que en su libro.

¡Os va a encantar!

INGREDIENTES (para 12 cupcakes):

Para días en los que lo único en que piensas es en jugar, como cuando éramos niños.

Para el bizcocho:

  • 200 gr. de harina.
  • 200 gr. de azúcar blanco.
  • 125 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 120 ml. de leche semidesnatada.
  • 1 y 1/2 cucharaditas de levadura.
  • 2 o 3 gotas de aroma concentrado de algodón de azúcar. Yo usé el de la marca LorAnn.
  • 3 huevos.
  • Colorante en pasta rosa. Yo usé el color Rose de la marca Wilton.

Para el merengue de algodón de azúcar:

  • 3 claras.
  • 180 gr. de azúcar blanco.
  • 100 ml. de agua.
  • 1 cucharada de sirope de maíz. Yo usé el de la marca Karo y lo compré en Maria Lunarillos.
  • 2 o 3 gotas de aroma concentrado de algodón de azúcar. Yo usé el de la marca LorAnn.
  • Colorante en pasta rosa. Yo usé el color Rose de la marca Wilton.

Precalentamos el horno a 180ºC y ponemos las cápsulas de papel en nuestro molde metálico o de silicona.

Tamizamos la harina y la levadura y reservamos.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que quede todo homogéneo. Añadimos los huevos, uno a uno, y batiendo a velocidad baja. Después añadimos la harina y levadura tamizadas. Una vez mezclado todo bien, incorporamos la leche. A continuación ponemos el aroma de algodón de azúcar, 2 o 3 gotas. Pensad que es muy concentrado y con poco es suficiente. Por último, con un palillo cogemos un poco de colorante en pasta y añadimos a la mezcla y removemos bien hasta que el color sea uniforme.

Repartimos la mezcla en las cápsulas de papel y horneamos durante 20-22 minutos. Para comprobar si están hechos, cogemos un palillo y pinchamos. Si el palillo sale limpio, es que ya está listo el bizcocho.

Mientras se hornean los cupcakes, preparamos el merengue.

Mezclamos el azúcar con el agua y el sirope de maíz en un cazo y lo ponemos a calentar hasta que la temperatura medida con un termómetro de azúcar, alcance los 115ºC- 120ºC. Mientras, batimos las claras de huevo a punto de nieve. Hay que tener paciencia para montarlas, os aviso.

Cuando tengamos el almíbar a punto, lo vamos añadiendo a las claras montadas poco a poco, en un hilillo, sin tocar las varillas y sin dejar de batir. Batimos hasta que el merengue esté brillante. Añadimos el aroma de algodón de azúcar al gusto. Yo puse 3 gotas. Podéis ir añadiendo, mezclando y probando y si notáis que falta, le podéis echar más. 😉

Por último, de nuevo con la ayuda de un palillo, añadimos el colorante rosa en pasta y mezclamos bien hasta que lo veamos rosita rosita.

Volvemos a los cupcakes. Una vez hayamos comprobado que estén hechos, los dejamos en el molde 5 minutos al sacarlos del horno. Pasados estos minutos, los pasamos a una rejilla para que se acaben de enfriar.

Preparamos las mangas con las boquillas que queramos. Yo usé una grande redonda y una grande de estrella cerrada. Para poner el merengue en el cupcake, yo en esta ocasión lo hice de dos maneras. Una desde el centro hacia fuera con la boquilla de estrella cerrada y de fuera hacia dentro con la boquilla redonda, acabando en punta.

Para acabar de decorarlos, podéis usar decoraciones varias. Yo usé corazoncitos rosas y blancos. Y quedaron así:

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¡Espero que os guste!

Canelones de carne, para días “cuando era niñ@”

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¿A qué niño del mundo no le gustan los canelones? Que se lo pregunten a mi querida Minyita, mi hermana pequeña, a quien le encantan (aunque ya no es una niña). Cuando salimos a comer o cenar, si en la carta hay canelones, ella se los pide sin dudarlo. Como diría yo, le chiflan.

Pues bien, gracias a ella decidí hacerlos, ya que venía a comer y quería hacerle algo que le gustara mucho que no fuera fideuá, ya que casi siempre viene los domingos, y yo casi todos los domingos hago fideuá.

Chafardeé un poco por internet y tomé como guía esta receta de Directo al paladar, blog que me encanta y al verlo en el listado de resultados de Google, cliqué en su Receta de canelones de carne, sin dudarlo. También me guíe con esta otra receta de canelones de Manetes bones. La hice un poco a mi gusto y con lo que tenía en la nevera en esos momentos.

¡Empecemos!

INGREDIENTES (para 3-4 raciones):

Para días en los que quieres contentar a tu hermanita pequeñita (que ya no es tan pequeña).

  • 12 láminas de pasta para canelones.
  • 300 gr. de carne picada. (Yo usé de pollo y pavo).
  • 1 cebolla.
  • 2 zanahorias.
  • 300-400 ml. de tomate frito.
  • 1 vaso de vino tinto.
  • 1 vaso de caldo de carne.
  • Queso rallado para gratinar.
  • Aceite, orégano, sal y pimienta.
  • Un poco de harina y mantequilla.

Para la bechamel:

  • Mantequilla.
  • Harina.
  • 1/2 litro de leche.

En mi caso compré pasta para canelones que hay que hervir. En mi caso, el primer paso sería hacer la pasta y una vez hecha, retirar y colocar en un paño de cocina y reservar. Si tenéis placas que sólo hay que dejar en remojo, el primer paso sería poner en remojo la pasta y sacarla después del tiempo indicado en el paquete.

Ahora haríamos el relleno de carne. Ponemos dos cucharadas de mantequilla en una sartén y añadimos la cebolla y la zanahoria picadas. Vamos removiendo y cuando veamos que la cebolla cambia de color, añadimos la carne , mezclamos y salpimentamos.

Añadimos el vaso de vino tinto y dejamos que reduzca a la mitad. Ahora ponemos el tomate frito, el vaso de caldo de carne y el orégano. Dejamos cocer durante 30-35 minutos, a fuego lento, removiendo de vez en cuando.

Podemos aprovechar para ir preparando la bechamel. En un cazo ponemos unas dos cucharadas de mantequilla, otras dos de harina y removemos. Cuando la harina esté tostada, bajamos el fuego (fuego lento) y añadimos poco a poco la leche sin dejar de remover, preferiblemente con unas varillas y si puede ser, con la leche tibia o caliente, hasta que espese.

Echamos un vistazo a la carne. Si no ha quedado muy “pastosa”, podemos añadir una cucharada de harina para que espese un poco y sea más fácil enrollar los canelones, ya que si queda muy suelta, es difícil enrollarlos porque la carne se saldría por los lados muy fácilmente.

Ahora toca rellenar y enrollar los canelones. Una vez enrollados, en una fuente apta para horno, poner unas cucharaditas de tomate frito al fondo y repartir un poco para que no se peguen los canelones. Colocar los canelones encima, añadir la bechamel y por último el queso rallado.

Poner en el horno arriba y abajo a 225ºC, 10 minutos y luego unos 4-5 minutos más sólo en la opción de gratinar.

Son ideales para el tupper, eso sí, habrá que separarlos pensando en la forma del tupper, por si no caben. En mi caso mi tupper es estrecho y cabrían solo dos, pero puedo poner otros dos encima 🙂

¡Qué aproveche!

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Caracoles con chorizo y tomate, para días “cuando era niñ@”

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Ya sé que sueno repetitiva, pero ¡me encantan los caracoles! Hay tantas cosas de comer que me encantan, que estoy todo el día diciendo me encanta esto, me encanta lo otro.

Pues bien, mi devoción por ellos viene de familia. Y ya sé que no es una receta muy para niños, pero a mi me recuerda a mi infancia, cuando vivíamos en Sant Boi y mi madre nos llevaba a mis hermanas y a mi a un bar, a comer caracoles. A ella, por supuesto le chiflan. De hecho, el otro día me dijo que podríamos ir todas de nuevo a comer algún día caracoles, todas juntas, como antes 🙂 Y por este motivo la he clasificado en Días “cuando era niñ@”.

También podría clasificar esta receta en “Días amorosos”, ya que a mi niño le chiflan los caracoles. Monta una fiesta él solito cuando le digo que hay caracoles para comer.

Nunca he probado de cocerlos yo misma. Suelo comprarlos en el mercado, ya cocidos, donde los venden en bolsas de medio kilo o de 1 kilo.

¡Manos a la obra!

INGREDIENTES (para 2-4 raciones):

Para días en los que quieres rememorar recuerdos de tu infancia. (en mi caso)

  • 500 gr. de caracoles.
  • 3 tomates.
  • 1 cebolla.
  • Chorizo de pueblo.
  • 2 ajos.
  • Tomate frito (yo uso Solís).
  • 1 pizca de peperoncino (pimiento picante italiano), tabasco o similares.
  • 2 hojas de laurel.
  • 1 poco de azúcar, sal, pimienta y aceite.

Picamos la cebolla y los ajos y reservamos. Rallamos los tomates y cortamos el chorizo en trozos pequeños.

Ponemos aceite en una sartén honda y añadimos la cebolla y los ajos. Vamos removiendo hasta que esté dorada. Añadimos el chorizo y el tomate, removiendo de vez en cuando hasta que veamos que el tomate ha reducido y cambiado de color. Añadimos un poco de tomate frito, junto con el peperoncino, las hojas de laurel y la pizca de azúcar y dejamos reducir un poco.  Salpimentamos.

A continuación, ponemos los caracoles y tapamos. Dejamos que reduzca durante unos 15-20 minutos, removiendo de vez en cuando. Si vemos que se queda demasiado seco, podemos añadir un poco más de tomate frito.

Nunca he probado los caracoles en el tupper para el trabajo, más que nada porque tardaría mil horas en acabar de comer y no es plan ponerse a comer caracoles delante de la gente, usando las manos y rechupeteándome los dedos, así que prefiero comerlos en casa. Pero seguro que si alguno de vosotr@s quiere llevarse un tupper de caracoles, estoy segura que quedarán bien aún después de haberlos calentado en el microondas.

En fin, espero que os guste la receta. 🙂

Croquetas de gallina y jamón, para días “cuando era niñ@”

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El otro día fuimos a un restaurante al cual tenía muchas ganas de ir, Kilo Restaurante. Nos gustó mucho, la verdad. La comida estaba bien rica, un poco escasa para nuestro gusto, pero todo lo que pedimos, estaba muy bueno. Y la decoración del local estilo vintage sumado al esmerado cuidado del más mínimo detalle, nos encantó. Os lo recomiendo, eso sí, para ocasiones especiales, ya que no es barato que digamos, asequible pero no barato. Siempre se puede ir al mediodía, ya que tienen un menú por 15 euros, creo.

Pues bien, unos de los platos que pedimos fueron croquetas, concretamente de gallina y jamón. Y estaban espectaculares.

Y como en casa usamos gallina para el caldo, aproveché la ocasión para “copiar” la receta del restaurante :P, tomando como base de nuevo a mi querido Cocinero Fiel, quién tiene varias recetas de croquetas.

¿A quién no le gustan las croquetas? A mi de niña me chiflaban, y me continúan chiflando. Sólo que da mucha pereza hacerlas, pero una vez haces una tanda, tienes croquetas para rato.

INGREDIENTES (para un montón de croquetas):

Para días en lo que te sientes como un niñ@

  • 250 gr. de carne de gallina ya cocida (yo aproveche la carne del muslo de la gallina que usé para hacer caldo)
  • 150 gr. de taquitos de jamón serrano.
  • 100 gr. de harina.
  • 1 litro de leche.
  • 75 gr. de mantequilla
  • 250 gr. de pan rallado y 3 huevos batidos, para empanar.
  • Sal y pimienta.

En un cazo, calentar la leche y reservar.

Derretir la mantequilla en una olla. Freír los taquitos de jamón primero y luego añadir la carne de gallina.

Una vez dorada la carne, añadir la harina y remover bien, para que se tueste. A continuación, añadir la leche caliente en tres tandas, es decir, añadir una tercera parte primero, remover hasta que se integre bien e ir añadiendo las otras dos partes de leche, sin dejar de remover. El secreto es no dejar de remover.

Si después de añadir toda la leche vemos que ha quedado demasiado espesa la mezcla, podemos añadir un poco de caldo de pollo, aunque la mezcla no tiene que quedar líquida totalmente. Tiene que quedar más bien espesa que líquida, un punto medio, algo así como una crema.

Y ya tenemos lista la mezcla. La colocamos en un recipiente y ponemos papel film a ras de la mezcla, para evitar que forme costra, y dejamos que enfríe a temperatura ambiente. Una vez fría, dejar en la nevera al menos, durante toda la noche. Yo la dejo durante un día entero.

Después del reposo en la nevera, toca empanarlas. Simplemente hay que coger un trocito de masa y darle forma de pelotita. Pasar la pelotita por el pan rallado, darle forma alargada, pasarla por el huevo batido y por último nuevamente por el pan rallado. Repetir este procedimiento con toda la masa. Se hace un poco pesado, pero como os comentaba antes, una vez las tengáis todas, tendréis muuuuchas croquetas. 🙂

Ya sabéis que son ideales para congelar, de hecho no hace falta descongelarlas antes de freírlas.

Para freírlas, os recomiendo hacerlo en la freidora, si tenéis. Si no, en una olla con abundante aceite bien caliente, y dándole la vuelta muy frecuentemente (para que no se peguen ni se quemen), ayudándoos con dos utensilios de cocina. Yo usé uno que es como un tenedor en grande y una cuchara tipo pala. Y cuando veamos que están doraditas, ya las podemos sacar.

Son ideales para el tupper y quedan buenísimas.

Espero que os haya gustado la receta.