Berenjenas con carne y marisco, para días interminables.

Berenjenas

De pequeña jugaba mucho a adivinar por los sabores de la comida, qué ingredientes llevaba lo que comía.

Un día no hace mucho, probé unas berenjenas con carne que me gustaron mucho. Jugué a adivinar qué llevaba y por los sabores, llevaba algo de marisco. Así que decidí “copiar” la receta, ya que me encantaron. Y la verdad, modestia aparte, es que quedaron muy buenas.

La clasifico esta vez en días interminables porque me encanta la berenjena y esta receta anima a cualquiera después de un día largo.

INGREDIENTES (para 2-3 raciones):

Para días que no sabes cuándo acabarán.

  • 1 berenjena grande.
  • 200 gr. de carne picada de ternera.
  • 15 gambitas cocidas congeladas.
  • 15 mejillones cocidos congelados.
  • 3 palitos de cangrejo (surimi)
  • Queso rallado.
  • Orégano, aceite, sal y pimienta.

Primero de todo, cortaremos la berenjena en rodajas, aproximadamente de medio centímetro o un poco más, añadiremos un poco de sal en cada rodaja y dejaremos reposar en un bol grande o un plato hondo durante 30 minutos, para que suelten el agua que llevan.

En un cazo con agua hirviendo, coceremos las gambitas y mejillones hasta que estén hechos. Una vez hechos, los pasaremos por la picadora junto con los palitos de surimi cortados en trozos y reservamos.

Precalentamos el horno a 180ºC.

A continuación, en una sartén con un chorrito de aceite, añadimos la carne picada y salpimentamos. Cuando la carne vaya cogiendo color, añadimos la mezcla de marisco picado y mezclamos todo bien. Removemos y cuando esté listo, retiramos del fuego y reservamos.

Ahora secamos las rodajas de berenjena con papel de cocina, para quitar un poco la sal y agua sobrantes. Colocamos papel de horno en la bandeja del horno y ponemos las rodajas de berenjena. Las regamos con aceite y dejamos en el horno unos 12 minutos o hasta que veamos que estén hechas.

Pasado este tiempo, sacamos la bandeja y colocamos encima de cada rodaja un poco de la mezcla de carne que hemos hecho anteriormente. Espolvoreamos con queso rallado y orégano y metemos nuevamente en el horno hasta que se funda el queso.

Yo en esta ocasión usé dos tipos de queso. Mezcla de queso rallado y queso parmesano en polvo, así que podéis usar el queso que más os guste.

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Tortilla de patatas, para días amorosos.

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Primero de todo, siento de verdad no escribir más frecuentemente en el blog. Me encantaría poder publicar posts con más frecuencia, pero últimamente tengo mil cosas que hacer y cuando tengo un momento, sólo me apetece tumbarme en el sofá y no hacer nada. Así que mis más sinceras disculpas.

Como todo lo bueno se hace esperar, hoy os traigo una de mis recetas estrella. ¡¡¡Mi súper tortilla de patatas!!! Y os preguntaréis, ¿qué misterio tendrá hacer una tortilla de patatas? La verdad es que misterio no tiene mucho, pero supongo que cada uno le pondrá un toque especial.

En mi caso, cuando vivía con mis tatas, a ellas les encantaba, sobretodo a mi hermana pequeña y era perfecta para cenar, comer o lo que fuera, porque una tortilla daba justo para las 4. Un cuarto para cada una. Ahora con mi niño, al ser sólo dos, sigue siendo perfecta, porque nos comemos un cuarto cada uno y el otro cuarto para el tupper. Y a todos les chifla. Por eso la clasifico en días amorosos, porque se vuelven locos cuando toca comer tortilla 🙂

INGREDIENTES:

 Para días en los que quieres mimar a los que más quieres.

  •  6/7 huevos grandes (L).
  • 3 patatas medianas.
  • 1 cebolla.
  • Aceite, sal, orégano y una pizca de ajinomoto.

Primero pelamos las patatas, partimos por la mitad a lo largo y cortamos en láminas de aproximadamente medio centímetro. Picamos la cebolla. Yo la pico a cuadraditos.

Una vez cortadas, lavamos las patatas bien, secamos y freímos en abundante aceite. Vamos removiendo y dando la vuelta a las patatas. Cuando veamos que le queda poquito para que estén blanditas, añadimos la cebolla y removemos un poco para integrarla con las patatas.

En un bol grande, batimos el huevo y añadimos sal al gusto, un poco de orégano (en mi caso mucho porque me encanta) y una pizca de ajinomoto. El ajinomoto es una especie que a la vista es muy parecida a la sal y se utiliza mucho en la cocina china. Es glutamato monosódico y se usa para potenciar el sabor.

Después, comprobaremos con un tenedor si están hechas las patatas. Tienen que estar blanditas, como si se deshicieran al pinchar. Cuando estén hechas, sacaremos las patatas y la cebolla, escurriendo muy bien el aceite y las iremos añadiendo al bol con el huevo.

Una vez añadida la patata y la cebolla a la mezcla, con la ayuda de un tenedor mezclamos bien para que quede todo bien integrado. En la misma sartén de las patatas, antiadherente por supuesto, desechamos todo el aceite sobrante dejando muy poco, casi nada. Bajamos el fuego al mínimo y echamos la mezcla. Distribuimos bien el huevo por la sartén y dejamos que se haga a fuego mínimo. Es muy importante hacer la tortilla a fuego mínimo en todo momento, ya que si no se nos quemaría y no quedaría tan esponjosa.

Vamos vigilando y cuando veamos que los bordes están haciéndose y ya va cogiendo consistencia, es hora de darle la vuelta. Yo tengo un “giratortillas” de esos que venden en los todo a 100, que va genial. Si no, se puede hacer como toda la vida, con un plato. Damos la vuelta y dejamos el tiempo necesario según nos guste, poco, hecha o muy hecha. En casa nos gusta poco hecha, así que le doy la vuelta y en un par o tres de minutos, la saco.

¡Y ya tenemos lista la tortilla! Es genial para el tupper, porque sigue estando buenísima, aunque esté recalentada  🙂

Pollo con pimientos y salsa de ostras, para días “me como el mundo yo solit@”.

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Me encanta la salsa de ostras. Yo se lo echaría a todo, a todo sin miramientos.

La verdad es que queda bien tanto con carne, pescado como con verduras, lo que hace que esta salsa sea súper versátil y se pueda adaptar muy fácilmente a casi todo.

Clasifico esta receta en “Días me como el mundo yo solita” porque me sube el ánimo después de comerla, porque me gusta tanto que no puedo evitar sentirme capaz de todo después de tener la panza llena con este plato. Sí, lo sé, mi mundo gira en torno a lo que como, pero soy feliz así  😛

INGREDIENTES (para 2-3 raciones):

Para sentirte capaz de todo.

  • 300-400 gr. de solomillo de pollo.
  • 1 pimiento verde.
  • 1 pimiento rojo.
  • Salsa de ostras.
  • Aceite, sal y pimienta.

Es una receta súper súper fácil.

Primero de todo hay que cortar el pollo en cuadraditos con la ayuda de unas tijeras o bien con un cuchillo, como prefiráis. Yo prefiero con las tijeras, es más rápido a mi parecer.

A continuación, cortar los pimientos en dados también.

En una sartén con un chorrito de aceite, añadimos los pimientos cortados y un poco de sal y pimienta y removemos hasta que se hagan.

Luego hay que añadir el pollo previamente salpimentado y mezclar hasta que veamos que va cogiendo color. En ese momento, añadir la salsa de ostras al gusto. Yo le echo mucha porque me encanta, pero id echando poco a poco porque la salsa es fuerte y siempre es mejor quedarse corto que pasarse. En esta ocasión no le eché nada de agua, pero hice de nuevo esta receta hace poco y echándole un poco de agua después de añadir la salsa de ostras y queda mejor, con más consistencia y con más salsa.

Una vez añadida la salsa, mezclar todo bien, bajar el fuego y dejarlo unos 5 minutos, removiendo de vez en cuando.

Para acompañar, nada mejor que un buen arroz blanco basmati.