Cupcakes de algodón de azúcar, para días “cuando era niñ@”.

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Un día, comprando en la tienda online de María Lunarillos un molde muy chulo de tabletas mini de chocolate, tenía que rellenar el pedido para que los gastos de envío no fueran más que el pedido en si y me decidí por comprar un potecito de aroma concentrado de algodón de azúcar.

El algodón de azúcar me recuerda a cuando éramos niñas y mi madre nos llevaba a la feria y nos compraba algodón de azúcar. ¡Me encanta! Y cómo se te quedaban los dedos pegajosos después de coger el algodón, pero no pasaba nada, porque estaba buenísimo. 🙂

Y como no, consulté con Alma. Hojeando su libro, me encontré con esta receta. La he hecho exactamente igual que en su libro.

¡Os va a encantar!

INGREDIENTES (para 12 cupcakes):

Para días en los que lo único en que piensas es en jugar, como cuando éramos niños.

Para el bizcocho:

  • 200 gr. de harina.
  • 200 gr. de azúcar blanco.
  • 125 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 120 ml. de leche semidesnatada.
  • 1 y 1/2 cucharaditas de levadura.
  • 2 o 3 gotas de aroma concentrado de algodón de azúcar. Yo usé el de la marca LorAnn.
  • 3 huevos.
  • Colorante en pasta rosa. Yo usé el color Rose de la marca Wilton.

Para el merengue de algodón de azúcar:

  • 3 claras.
  • 180 gr. de azúcar blanco.
  • 100 ml. de agua.
  • 1 cucharada de sirope de maíz. Yo usé el de la marca Karo y lo compré en Maria Lunarillos.
  • 2 o 3 gotas de aroma concentrado de algodón de azúcar. Yo usé el de la marca LorAnn.
  • Colorante en pasta rosa. Yo usé el color Rose de la marca Wilton.

Precalentamos el horno a 180ºC y ponemos las cápsulas de papel en nuestro molde metálico o de silicona.

Tamizamos la harina y la levadura y reservamos.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que quede todo homogéneo. Añadimos los huevos, uno a uno, y batiendo a velocidad baja. Después añadimos la harina y levadura tamizadas. Una vez mezclado todo bien, incorporamos la leche. A continuación ponemos el aroma de algodón de azúcar, 2 o 3 gotas. Pensad que es muy concentrado y con poco es suficiente. Por último, con un palillo cogemos un poco de colorante en pasta y añadimos a la mezcla y removemos bien hasta que el color sea uniforme.

Repartimos la mezcla en las cápsulas de papel y horneamos durante 20-22 minutos. Para comprobar si están hechos, cogemos un palillo y pinchamos. Si el palillo sale limpio, es que ya está listo el bizcocho.

Mientras se hornean los cupcakes, preparamos el merengue.

Mezclamos el azúcar con el agua y el sirope de maíz en un cazo y lo ponemos a calentar hasta que la temperatura medida con un termómetro de azúcar, alcance los 115ºC- 120ºC. Mientras, batimos las claras de huevo a punto de nieve. Hay que tener paciencia para montarlas, os aviso.

Cuando tengamos el almíbar a punto, lo vamos añadiendo a las claras montadas poco a poco, en un hilillo, sin tocar las varillas y sin dejar de batir. Batimos hasta que el merengue esté brillante. Añadimos el aroma de algodón de azúcar al gusto. Yo puse 3 gotas. Podéis ir añadiendo, mezclando y probando y si notáis que falta, le podéis echar más. 😉

Por último, de nuevo con la ayuda de un palillo, añadimos el colorante rosa en pasta y mezclamos bien hasta que lo veamos rosita rosita.

Volvemos a los cupcakes. Una vez hayamos comprobado que estén hechos, los dejamos en el molde 5 minutos al sacarlos del horno. Pasados estos minutos, los pasamos a una rejilla para que se acaben de enfriar.

Preparamos las mangas con las boquillas que queramos. Yo usé una grande redonda y una grande de estrella cerrada. Para poner el merengue en el cupcake, yo en esta ocasión lo hice de dos maneras. Una desde el centro hacia fuera con la boquilla de estrella cerrada y de fuera hacia dentro con la boquilla redonda, acabando en punta.

Para acabar de decorarlos, podéis usar decoraciones varias. Yo usé corazoncitos rosas y blancos. Y quedaron así:

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¡Espero que os guste!

Hojaldre de virutas de jamón ibérico, tomate y queso de cabra, para días en los que faltan horas.

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Jamón…mmm. Creo que es mi debilidad. Podría estar desayunando, comiendo, merendando y cenando jamón todos los días. Y yo tan feliz. 🙂

La receta de hoy bien podría ir en Días creativos, pero finalmente he decidido clasificarla en Días en los que faltan horas, ya que es súper sencilla de hacer y rápida. Y cuando no tenemos tiempo, va genial, porque se hace enseguida y está buenísima.

Seguro que os encanta la receta, eso espero.

¡Al lío!

INGREDIENTES:

Para aquellos días ajetreados.

  • 1 trozo cuadrado o rectangular de masa de hojaldre (Yo usé la masa de hojaldre congelada de Hacendado, pero podéis usar cualquier otra, y tanto congelada como fresca).
  • 250-300 gr. de virutas de jamón ibérico.
  • 1 tomate.
  • Queso de cabra.
  • 1 huevo batido.
  • Orégano, aceite, pimienta y sal.

Si usamos masa de hojaldre congelada, hay que sacarla más o menos 20-25 minutos antes y dejar que se descongele a temperatura ambiente. Cuando podamos manejarla, es que ya estará lista. Si es fresca, nos ponemos con la masa directamente.

Forramos la bandeja del horno con papel de horno o vegetal y extendemos la masa en la bandeja. Con un cuchillo, seguimos la forma de la masa, como dibujando un cuadrado y sin cortar, dejando un espacio en los bordes, de unos 3-4 cm.

Precalentamos el horno a 200ºC.

Cortamos en rodajas finas el tomate y troceamos el queso de cabra al gusto.

Repartimos las virutas de jamón por toda la masa, sin poner en los bordes que hemos dejado. Añadimos las rodajas de tomate y por último los pedacitos de queso de cabra y repartimos todo bien por la masa. Salpimentamos, regamos con aceite y ponemos un poco de orégano.

Batimos un huevo y pintamos los bordes del hojaldre.

Introducimos la bandeja en el horno y lo dejamos hasta que veamos que haya subido y esté dorado el hojaldre, aproximadamente 10-15 minutos, aunque yo lo hago siempre a ojo 😉

¡Y ya tendríamos la cena, la comida o el tupper listo!

Calamarcitos en salsa, para días “me como el mundo yo solit@”.

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La receta de hoy me gusta mucho, demasiado diría yo.  Supongo que es porque lleva tomate, y ya sabéis, todo lo que contenga tomate en cualquiera de sus variantes, me vuelve loca. Y calamarcitos, mmm. ¡Me encantan! 🙂

Y como me gusta tanto, lo he clasificado en Días “me como el mundo yo solita” , porque este plato me transmite buen rollo y  energía y si lo hago, es porque estoy de buen humor. Además, es súper sencilla de hacer.

Hoy no me enrollo tanto y voy al lío.

INGREDIENTES (para 2-3 raciones):

Para aquellos días en los que nada se te resiste.

  • 500 gr. de calamarcitos.
  • 1 cebolla.
  • 1 ajo.
  • 1 vasito de vino blanco.
  • Tomate frito.
  • Aceite, sal, pimienta y una pizca de azúcar.

Lo primero de todo es limpiar bien los calamares. Yo en mi caso los compro congelados y hay que limpiarlos. Si los compráis directamente en la pescadería, podéis pedir que os los limpien. Salpimentamos y reservamos.

Una vez limpios, picamos la cebolla y el ajo, bien picaditos.

En una sartén honda, añadimos un chorro de aceite, ponemos la cebolla y el ajo y dejamos que se poche, removiendo de vez en cuando. Cuando veamos la cebolla lista, ponemos los calamares y mezclamos un poco. Cuando empiecen a cambiar de color los calamares, añadimos el vino blanco y dejamos a fuego fuerte, hasta que reduzca hasta la mitad. Una vez reducido, agregamos el tomate frito y una pizca de azúcar y bajamos el fuego a medio-lento.

Dejamos que haga chup-chup unos 8-10 minutos, removiendo de vez en cuando.

¡Y ya tenemos listo el plato! Para acompañar pan, mucho pan, para dejar limpito el tupper o el plato.

Tarta de queso, para días caprichosos.

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Yo siempre decía (y lo sigo diciendo), que soy más de salado que de dulce, pero últimamente, el dulce me atrae mucho más de lo normal en mi.

Supongo que descubrir el mundo de los cupcakes y de la repostería en general, ha generado este transtorno. 😛

Intenté, sin éxito, hacer esta receta por primera vez, pero no me salió nada bien, ya que no había dado con la receta perfecta. De textura y forma sí, pero no de sabor.

A la segunda va la vencida en mi caso (y no a la tercera), pero todo gracias nuevamente a mi querida Alma Obregón. Todo lo que hace es perfecto, lo explica tan bien y lo hace tan fácil, que es imposible que no salga bien.

Ahora los domingos tiene un mini- programa, “Cupcake maniacs” en Divinity. Yo seguí la receta de este programa, adaptándola sobretodo en cantidades, ya que no tengo un molde de 18 cm. como en la receta de Alma, sino de 22 cm. de diámetro. Os dejo el enlace para que lo veáis.

Y lo clasifico en un nuevo momento, días caprichosos. También podría ser días antojosos, aunque claro, teniendo en cuenta que yo casi siempre cocino por capricho, tendría que clasificar todas las recetas en este momento… Bueno, orígenes a parte, en este caso lo clasifico así porque me encanta la tarta de queso y me encapriché en que quería comer una hecha por mi. ¡Y lo conseguí!

INGREDIENTES (para una tarta de 22 cm.):

Para días en los que te encaprichas con algo y no paras hasta conseguirlo.

  • 200 gr. de galletas. Pueden ser María o de otro tipo. Yo usé galletas tipo Digestive.
  • 3 cucharadas de azúcar moreno.
  • 110 gr. de mantequilla.
  • 1000 gr. de queso cremoso, no light. Yo usé Philadelphia.
  • 180 gr. de azúcar blanco.
  • 3 cucharadas de harina
  • 3 huevos L.
  • 75 ml. de nata de montar
  • 1 cucharadita de vainilla en pasta o extracto de vainilla.

Lo primero de todo es engrasar el molde. Yo usé un molde de 22 cm. de diámetro. Lo engrasamos con mantequilla y reservamos. Precalentamos el horno a 180ºC.

Trituramos las galletas en la picadora. Si no tenéis picadora, lo podéis hacer en un mortero, por ejemplo. Fundimos la mantequilla en el microondas y la añadimos a las galletas trituradas junto el azúcar moreno. Mezclamos bien hasta formar una pasta. Extendemos esta mezcla en el molde, chafándolo bien, para formar la base de la tarta. Más o menos tiene que tener un grosor de 3 cm. Al acabar, lo dejamos en la nevera mientras hacemos el relleno de la tarta.

Ahora vamos a hacer el relleno. Batimos el queso con el azúcar blanco y la harina, hasta que esté todo bien mezcladito. Después iremos añadiendo los huevos, uno a uno, batiendo bien hasta que quede la mezcla homogénea. Por último, agregamos la nata y el extracto de vainilla y acabamos de batir.

Sacamos el molde de la nevera y añadimos el relleno.

Para hornearla lo vamos a hacer en 2 fases. Primero la dejaremos 15 minutos a 180ºC y luego 1 hora a 120ºC. Sabremos que la tarta está lista cuando esté la superficie cuajada y sólo quede el centro húmedo. Podéis probar moviendo la tarta y si veis que solo se mueve un poco el centro, es que ya está lista.

Para servir, la podéis comer tal cual o bien poniendo vuestra mermelada favorita por encima. Y para el tupper es ideal, siempre y cuando tengáis nevera para poder conservarla en el trabajo.

Así quedó mi tarta 🙂 :

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Tempura de costillas de cerdo a la pimienta negra, para días creativos.

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Hoy os traigo una receta inventada por mi, bueno, más bien es una adaptación de una receta que se servía en el restaurante que antes tenía mi madre.

Ya sabéis que me encanta innovar y mezclar cosas en la cocina. Creatividad tengo, pero sólo en la cocina, en otros aspectos mi creatividad es nula…

Pues bien, en el restaurante había un plato que me gustaba mucho, costillitas fritas. Se hacían rebozadas, acompañas de pimiento y cebolla picadas y con gusto a pimienta.

Las he hecho alguna vez así en casa, y quedan buenísimas, pero como os decía, hoy toca una adaptación de esta receta.

Ahora que os he explicado de dónde me vino la idea…¡Manos a la obra!

INGREDIENTES (para 2 o 3 raciones):

Para días en los que quieres hacer una receta a tu manera.

  • 400-500 gr. de costillas de cerdo cortadas.
  • Harina para tempura.
  • Viandox o en su defecto, salsa de soja.
  • 1 pimiento verde.
  • 1 cebolla.
  • Arroz para acompañar.
  • Aceite, sal y pimienta.

Salpimentamos las costillas.

Preparamos la mezcla para la tempura. Es importante usar agua bien fría para prepararla. Yo la pongo en la nevera unas horas antes para que este muy fría y utilizo palillos chinos para mezclar. Podéis remover con unas varillas si no. En un bol, ponemos harina para tempura y vamos echando agua, mezclando cada vez que echamos un poco de agua para ver cuánta agua hace falta para que quede bien. La consistencia tiene que ser espesa tirando a líquida y siempre lo hago a ojo, así que siento no poneros las cantidades exactas, pero el truco es echar cada vez poquita agua y mezclar y ver cómo queda y poner más agua si hace falta, pero muy importante que cada vez que pongamos agua, sea poca cantidad, para no pasarnos. A muy malas, si nos pasamos, podemos poner un poco más de harina para arreglarlo…

Una vez hecha la mezcla, le añadimos pimienta negra molida, en abundancia.

A continuación, ponemos las costillas en la mezcla y removemos hasta que todas queden bien impregnadas.

En una sartén honda con abundante aceite caliente, ponemos a freír las costillitas. Primero por un lado, después las giramos y por el otro. Cuando veamos que están bien doraditas, las retiramos y las disponemos en un plato con papel de cocina, para que absorba el aceite sobrante. Mientras, picamos la cebolla y el pimiento.

En una sartén con un chorro de aceite, ponemos las verduras y salteamos. Añadimos pimienta negra de nuevo, bastante cantidad y un chorrito generoso de viandox, y si no tenéis, de salsa de soja. Removemos unos minutos hasta que veamos que la verdura ha cogido color, retiramos del fuego y reservamos.

Ponemos las costillas en un plato o en nuestro tupper, y le echamos las verduritas por encima. Para acompañar, lo ideal es el arroz blanco. Yo en el tupper el arroz lo pongo en otro tupper separado, más que nada porque no cabe en uno solo todo, y voy acompañando las costillitas con el arroz… Se me hace la boca agua solo de pensarlo…