Patatas gratinadas, para días “cuando era niñ@”

Todo lo gratinado gusta a los niños. Yo solía gratinar la coliflor para que mis hermanas se la comieran. Y finalmente lo hacían.

Por eso esta receta la he puesto en días “cuando era niñ@”, porque me recuerda a cuando era pequeña y porque las patatas y lo gratinado, siempre gusta, a cualquier niño del mundo, al menos eso creo. Mi hermana pequeña sólo quería comer patatas, no comía otra cosa porque no le gustaba casi nada.

Además quedan muy bien para llevarlas en tupper para el trabajo. Yo no las suelo congelar. Las hago el día anterior y me las llevo al día siguiente.

Es una receta muy sencilla de hacer y la podemos servir como acompañamiento, por ejemplo del pollo al ajo. 😛

INGREDIENTES (3-4 raciones):

Para días en los que quieres cerrar los ojos y teletransportarte a cuando eras niñ@.

  • 8 patatas medianas o pequeñas, pero que sean todas más o menos del mismo tamaño.
  • Queso para gratinar.
  • Sal.
  • Pimienta.
  • Orégano.
  • Aceite.

Poner a precalentar el horno a 180-200ºC.

Mientras se calienta el horno, limpiar las patatas bajo el grifo y partirlas por la mitad. Es importante que más o menos sean del mismo tamaño y que al partirlas queden parecidas en cuanto a grosor, ya que así se cocerán al mismo tiempo y evitaremos que las patatas queden unas más hechas que otras.

Colocaremos las patatas partidas en un recipiente apto para horno o directamente en la bandeja forrada con papel de horno. Echamos un chorro de aceite, sal y pimienta y dejamos en el horno unos 35-40 minutos. Podemos ir comprobando si están hechas o no, pinchando con un tenedor.

Cuando estén blanditas, pondremos el queso  y el orégano por encima y colocaremos el horno en la posición para gratinar hasta que el queso se funda a nuestro gusto.

Y listas! Ya tenemos acompañamiento para casi todo tipo de platos, ya que queda bien tanto con carne como con pescado.

Brownie con helado de vainilla, para días tristones.

¿A quién le amarga un dulce?

Es la típica pregunta retórica que se dice tanto, y está en lo cierto. Porque cuando tienes esos días en los que prefieres haberte quedado en la cama, en los que cualquier cosa se te hace un mundo, en los que lo bonito, lo ves feo…, vamos, esos días depresivos que tod@s tenemos de vez en cuando, necesitas algo dulce. Sea lo que sea, sea como sea.

A mi en esos días, y mira que prefiero mil veces lo salado, sólo quiero comer dulce. Da igual lo que sea, pero que contenga muchas calorías y mucho chocolate, que me encanta. Mi debilidad chocolatera es el Phoskitos, pero como no sé hacerlo ni tengo la receta, hoy vamos a hacer un brownie.

Tengo que decir que es la primera vez que lo hago completamente casero. Una vez hice uno, pero comprando la mezcla preparada ya, con lo cual, no tuvo mucho mérito.

Este lo hice siguiendo una receta de una revista que me regaló una de mis hermanas, “Repostería para Principiantes”. Lo adapté un poco a mi gusto y listo.

Como ya sabéis no me gusta mucho seguir recetas, pero me he dado cuenta que en el mundo de la repostería, hay que seguirlas sí o sí, si quieres que te salga algo comestible.

INGREDIENTES (para un brownie de 9-12 raciones):

Para levantarnos el ánimo en nuestros días tristones.

  • 200 gr. de mantequilla, cortada en cubos.
  • Un trozo de mantequilla para untar el molde.
  • 150 gr. chocolate negro para postres (Yo uso el de Nestlé postres).
  • 50 gr. chocolate blanco para postres.
  • 100 gr. harina para todo uso.
  • 50 gr. cacao en polvo.
  • 100-150 gr de nueces.
  • 3 huevos.
  • 300 gr. de azúcar extrafino.
  • Helado de vainilla (yo he usado marca Farggi).

Precalentar el horno a 180ºC.

Derretir la mantequilla con el chocolate negro y blanco al baño maría. Para hacerlo cogeremos un recipiente resistente al calor, por ejemplo de cristal y lo colocaremos en una olla con agua hirviendo. Una vez hierva, dejarlo a fuego lento. Lo mejor es que el bol o recipiente no quede sumergido en el agua, sino que flote o no llegue a tocar el agua. La mantequilla tiene que estar cortada en cubos y el chocolate en trozos, para que se derrita más rápido. Hay que ir removiendo hasta que el chocolate y la mantequilla se fundan. Una vez hecho, apartar y dejar que se enfríe un poco.

Necesitamos dos recipientes. En uno de ellos mezclaremos la harina con el cacao en polvo. En el otro, mezclaremos con una batidora de varillas eléctrica, los huevos y el azúcar. Hay que batir hasta conseguir que se mezcle bien. Tiene que quedar una mezcla de color amarillo pálido con consistencia lechosa y suave.

Añadir el chocolate fundido con la mantequilla a la mezcla del huevo con el azúcar y mezclar con una cuchara de madera o una espátula. No hay que remover con mucha fuerza. Cuando veamos que el chocolate se ha mezclado bien, dejar de remover.

A continuación toca agregar la harina y el cacao en polvo. Tenemos que remover hasta conseguir una mezcla gruesa, pegajosa y brillante. Sobretodo al remover, hay que asegurarse de mover la cuchara o espátula hasta el fondo del recipiente y levantarla, ya que la harina puede quedarse pegada en la parte inferior.

Una vez tengamos la mezcla con la consistencia adecuada, añadir las nueces previamente picadas. Las podéis picar en el mortero o bien, lo que suelo hacer yo, es coger una bolsa de plástico, poner las nueces dentro y cerrarla o con una pinza o haciendo un nudo y coger el mortero o cualquier cosa dura (por ejemplo una botella de vino) y chafar. Removemos bien para que queden las nueces bien distribuidas.

Cogemos el molde. Yo en este caso utilice un molde rectangular, no muy alto. Podéis forrar el molde con papel de horno o bien, (lo que hice yo) es coger un trozo de mantequilla y con las manos, untarla por todo el molde, incluso los bordes, para que no se no quede pegado. Untar el molde hasta que se nos acabe la mantequilla y quede todo el molde bien impregnado. No sé cuanta cantidad es en gramos, más o menos un trozo de mantequilla en forma de cubo grande.

Echamos la mezcla en el molde y repartimos bien. Alisamos la mezcla con una espátula o bien con un cuchillo. Es importante que la masa quede bien nivelada.

Poner en el horno durante 20-25 minutos. El brownie estará listo cuando se haya formado una costra en la parte superior y los bordes estén empezando a despegarse del molde, como en la foto. 

En este caso, el centro tiene que quedar húmedo, con lo que no vale la prueba del palillo para comprobar si está hecho o no , ya que saldría siempre manchado. Para comprobar que está hecho, inclinaremos un poco el brownie dándole una cierta oscilación, y el centro del mismo no deberá moverse. Empezar a comprobar a los 20 minutos o bien cuando veamos que se haya formado la costra y los bordes estén empezando a despegarse y en el caso de que no esté hecho, ir comprobando cada 2 minutos, para evitar que se queme.

Si nos lo comemos en casa, no tendremos problema para añadir el helado. Yo cojo una cuchara normal y voy poniendo el helado en láminas. Si nos lo llevamos al trabajo, tendremos que conformarnos con comérnoslo sin helado de vainilla, a no ser que tengáis helado en la nevera del trabajo o congelador. En mi caso no hay congelador, con lo que me lo llevo envuelto en papel de aluminio para desayunar o de postre para después de comer.

Para conservarlo, mantenerlo tapado, para que dure más y no se seque antes de tiempo. El mío duró muy bien tapado, casi 1 semana.

Espero que os haya gustado, que el brownie entra a cualquier hora. Para desayunar, merendar, de postre. Es perfecto para combatir días tristones y para ahogar nuestras penas pasajeras. 🙂

Pollo al ajo, para días en los que te faltan horas.

¿A que tiene buena pinta el pollo al ajo de la foto?

Pues aunque parezca increíble, la receta es súper sencilla. Y bueno, tiene un pequeño truco. Mejor dicho, tiene un truco muy grande 🙂

No sé si conocéis los sobres de Maggi “Directo al horno”. Se trata de un sobre que contiene una bolsa de asar, con un cierre y el condimento en polvo del sabor elegido.

Reconozco que no soy fan de lo preparado, pero la verdad es que estos sobres me convencen, y mucho, porque el pollo queda jugoso y muy bueno.

En esta ocasión, yo elegí Pollo al ajo. Aunque parezca que el sabor será fuerte, estilo pollo al ajillo, realmente no lo es. Está rico y sí se nota el sabor a ajo, evidentemente, pero “finamente”.

Se puede hacer o bien con un pollo entero o bien con muslitos. Yo lo hago siempre con muslitos, porque tarda menos y es más sencillo puesto que los muslitos son más fáciles de repartir.

INGREDIENTES (2-3 raciones):

Para días en los que desearías que el día tuviera más de 24 horas.

  • 8 muslitos de pollo.
  • Sobre Directo al horno de Maggi, sabor Pollo al ajo (como el de la foto).

Lo primero que hay que hacer, es poner a precalentar el horno a 190-200ºC.

Mientras se calienta el horno, vamos preparando el pollo. Abrimos el sobre por la parte donde está la bolsa de asar. La bolsa está plegada y con una pegatina. La despegamos con cuidado y la vamos desenrollando, poco a poco ya que dentro está el cierre de la bolsa.

Una vez hecho, metemos los muslitos de pollo en la bolsa, abrimos el sobre por la parte que contiene los polvos, los introducimos en la bolsa con el pollo y cerramos usando el cierre. Yo cierro la bolsa dejando espacio, para poder esparcir bien el pollo una vez cerrado.

Ahora cogemos la bolsa y sacudimos para poder mezclar bien el condimento con el pollo y vamos moviendo los muslitos con las manos, para que se mezclen bien y todos queden impregnados con los polvos.

El pollo por si solo, ya suelta aceite, por lo que no es necesario echar más que el sobre.

Colocamos sobre la bandeja del horno y dejamos dentro durante 1 hora.

Al sacar la bolsa, colocarla sobre una fuente y con la ayuda de unas tijeras, cortarla por la mitad, de manera que podamos sacar el pollo con cuidado y tirando un poco de la bolsa salga el resto.

Yo suelo hacer 8 muslitos y congerlarlo en tuppers si no me lo como al momento, ya que congelado, queda muy bien. No se nota casi que ha estado congelado.

Espero que os haya gustado!

Espaguetis a la Boloñesa, para días “cuando era niñ@”.

La pasta con tomate, junto con las patatas fritas o cualquier tipo de frito, excepto el pescado claro, es la comida que a todo niñ@ gusta.

A mi personalmente, todo lo que contenga salsa de tomate o tomate, me chifla. Y cuando como pasta con salsa boloñesa, me acuerdo de cuando era pequeña, no sé porqué. Supongo que la razón está en que cuando eres pequeño, comes más pasta con tomate que no entrecot o cosas por el estilo, y se convierte en un plato que comes con mucha frecuencia. Creo que esta sería una buena explicación. 😛

Vamos al lío. Es una receta sencilla, que seguro todo el mundo ha hecho alguna vez. Pero como nadie nace enseñado y todos tenemos nuestro propio estilo, yo os explico el mío.

INGREDIENTES (para 3-4 raciones):

Para esos días en los que quieres volver por un momento a ser un niñ@.

  • 200 gr. de carne picada
  • Espaguetis (más o menos unos 400-500 gramos)
  • Media cebolla grande o 1 cebolla pequeña.
  • Tomate frito para la salsa.
  • 1 o 2 dientes de ajo (al gusto).
  • 1 vaso de vino tinto.
  • 2 hojas de laurel.
  • Orégano.
  • Queso en polvo (o rallado, si os gusta más).
  • 1 pizca de peperoncino (pimiento picante italiano), tabasco o similares.
  • 1 poco de azúcar, aceite y sal.

En esta ocasión, aproveché la carne que me sobró de mis champiñones rellenos . Como en casa comemos los dos en el trabajo, estoy acostumbrada a congelar casi todo, así que todo lo que sobra, lo congelo, porque así si algún día por el motivo que sea no puedo hacer los tuppers, saco algo del congelador y listo. Y evito que la comida se quede olvidada en la nevera y se ponga mala.

En el caso de comida ya cocinada, siempre lo congelo todo en raciones individuales, y así lo tengo más ordenado todo. Y la pasta ya cocinada con salsa, queda bastante bien aún después de haber estado congelada. En el caso del arroz por ejemplo, no queda nada bien.

Ponemos a hervir agua abundante, con una pizca de sal, un chorro de aceite y las hojas de laurel. Cuando empiece a hervir, ponemos los espaguetis e inmediatamente después, vamos removiendo hasta que estén completamente dentro y ya se note que están un poco más blandos, más “flexibles”. Dejamos al fuego hasta que se hagan a nuestro gusto. Eso dependerá de cómo nos gusta la pasta, si al dente o muy hecha y de la marca de la pasta. Os recomiendo que os fijéis en el tiempo especificado en el paquete, para que os sirva de guía. Es cuestión de ir probándola o bien, un viejo truco es coger un espagueti y lanzarlo contra el mármol. Si se pega, es que está hecha, al dente por eso. Así que en el caso que os guste un poco más hecha, dejarla hervir unos minutos más después de la prueba del mármol. Colar y reservar.

Para la salsa:

Picamos la cebolla y el ajo.

Un chorro de aceite en una sartén honda o en la misma olla en la que se han hecho los espaguetis, añadimos la cebolla y el ajo picados y ponemos una pizca de sal. Yo suelo usar la misma olla, ya que tengo una olla con recubrimiento antiadherente. Si vuestra olla no es antiadherente, os recomiendo que mejor hagáis la salsa en una sartén, ya que si no, posiblemente, se os pegará bastante y al sofreir la cebolla y el ajo, se oscurecerán mucho. Es importante ir removiendo para que el ajo no se queme.

Cuando veáis que la cebolla ha cambiado de color y empieza a ser transparente, añadimos la carne picada y doramos hasta que esté casi hecha.

Es ahora cuando echamos el vaso de vino tinto y ponemos el fuego al máximo.

Una vez el vino se haya consumido y esté todo mezclado homogéneamente, pondremos en la sartén/olla el tomate frito y el peperoncino o similar y la pizca de azúcar (para eliminar la acidez del tomate) y mezclamos bien. Bajamos el fuego y lo dejamos a fuego lento-medio, tapamos (para evitar que salpique mucho) y dejamos que haga chup-chup unos 8-10 minutos, removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue la carne. Destapamos y ponemos el orégano al gusto y mezclamos. ¡Ya tenemos nuestra salsa boloñesa lista!

El modo de servir el plato, como no, va a gustos. A mi me gusta mezclar los espaguetis con la salsa en la misma olla, ya que así para el tupper es mucho más práctico que si pusiera la pasta y la salsa encima, más que nada porque es muy difícil mezclar bien en un tupper individual. Si tenéis un tupper gigante, evidentemente eso no sería problema y podéis poner los espaguettis y la salsa encima. Cuestión de gustos.

En el momento de comer, añadir queso en polvo (o rallado). ¡Y a disfrutar como un niñ@! 🙂

Champiñones rellenos, para días interminables.

Siempre me han gustado mucho los rellenos. Pimientos rellenos, tomates rellenos, huevos rellenos…, aunque hoy toca champiñones rellenos, a mi manera claro. Pensad que el relleno se puede modificar al gusto, ya que siempre hay algún ingrediente que nos gusta más que otro.

No puedo esconder mi debilidad por los champiñones. Así que un día, no muy lejano, decidí hacerlos rellenos.

Tengo que decir que no he hecho nunca esta receta antes porque, no sé porqué, pensaba que sería complicado y aparatoso. Pero a la práctica no lo es tanto.

Yo he probado hacerlos de dos maneras diferentes: con y sin Actifry. Y siempre me los llevo al trabajo, porque siempre me apetecen y me quitan las penas en un día duro.

Con Actifry es más rápido y práctico, pero no todo el mundo tiene este aparato, así que explicaré cómo hacerlo de las dos maneras.

INGREDIENTES (para 3-4 raciones):

Para días interminables en el trabajo.

  • 10-12 champiñones grandes, de esos que nada más verlos en la frutería, sabes que estarán destinados para rellenar.
  • 350-400 gr. de carne picada. Yo uso carne picada de pollo y pavo.
  • 1 pimiento verde.
  • 1 cebolla.
  • 1 o 2 ajos, al gusto. O sin ajo (para quien no le guste el ajo)
  • Medio limón.
  • Queso rallado para gratinar.

Lo primero que hay que hacer es limpiar bien los champiñones y quitarles el tronco. Yo suelo picar bien los troncos para añadirlos posteriormente a la carne.

Una vez hecho hay que picar el pimiento, la cebolla y el ajo, bien picadito y reservarlo en un bol. Añadir el zumo del medio limón y mezclar.

Ahora toca mezclar la carne con la verdura. Mezclar el pimiento, la cebolla y el ajo picados con la carne e incorporar los troncos de los champiñones picados.

Si hacéis la receta con Actifry, poner la carne con media cucharada de aceite y dejar 5-8 minutos. Si no, poner la carne en una sartén y cocinar hasta que la carne esté dorada. Yo nunca la hago del todo, la dejo casi lista pero no hasta el final, ya que cuando pongamos los champiñones en el horno o en Actifry, la poca carne que no se haya hecho del todo, se acabará de hacer y así nos quedarán más jugosos los champiñones rellenos.

Hecha la carne, sólo queda rellenar los champiñones y luego ponerle queso para que queden gratinados. Yo suelo poner primero los champiñones en el horno, y cuando están blandos, los pongo unos minutos sólo para gratinar. Sé que me falta el tiempo que tienen que estar en el horno, pero como cocino a ojo, nunca lo pongo el mismo tiempo ni tengo un tiempo predeterminado. Además, cada un@ conoce nuestro horno, así que os recomiendo ir probando para que os queden como os gustan.

Si los hacéis e Actifry, tenéis que quitarle la pala central y ponerlos unos 10 minutos, más o menos.

Como toque final, le añado un poco de orégano por encima.

Espero que os guste la receta, y perdonadme si falta algún dato o tiempo. Es mi primer post y os prometo que iré mejorando.